domingo, 6 de diciembre de 2009

Parte de mi vida

Las relaciones afectivas entre un hombre y una mujer pueden darse de dos maneras distintas: dentro o fuera de nuestra vida.

Las relaciones dentro son aquellas donde las actividades de ambos se vinculan. Uno pasa a ser parte de la vida del otro.

En cambio las relaciones fuera son aquellas dónde las actividades que se comparten suceden al margen de nuestra vida a modo de una actividad agregada o nueva a nuestra rutina.

Dependiendo de cuál sea el origen de la relación, la forma de relacionamiento inicial será de una u otra manera. O sea, si la persona con que la hemos empezado a salir ya compartía con nosotros previamente alguna actividad, el vínculo ya se habrá constituido dentro de nuestra vida. Este es el caso de las parejas que se conocen en la facultad, en actividades colectivas ociosas (deporte, arte, baile, idiomas, etc.), en el trabajo o simplemente por ser parte del mismo grupo de amigos.

Por otro lado si el comienzo de la relación es un encuentro casual, un levante en un boliche, un ataque despiadado en la calle, la compu o cualquier otro contexto dónde ambas personas se encuentran estrictamente separadas, dará lugar, inicialmente, a una nueva actividad apartada de las demás.

Hasta ahora daría la impresión que indistintamente de la forma, ambas estarían ok. Sin embargo no es tan así. La diferencia principal radica en el tiempo de duración. Las relaciones fuera de nuestra vida duran poco, a menos que luego de transcurrido determinado tiempo, migremos hacia una relación dentro de nuestra rutina.

Las únicas relaciones que perduran son aquellas que tienen alta integración. De hecho, la integración de dos personas puede ser tan fuerte, que incluso sin amor, puede resultar casi imposible plantear una separación, ya que esto implicaría un corte de otras cosas también. Este es el caso de parejas que trabajan juntas, que tienen hijos chicos, que van al mismo club, etc.

¿Y por qué las relaciones que están fuera de nuestra vida son más breves? Principalmente porque las unidades de tiempo que solemos dedicar a nuestras actividades ya están preestablecidas por nuestra estructura social, y, más importante aún, porque estar en pareja no es una actividad en sí misma. Es solo un vínculo.

Tenemos el tiempo para trabajar, el tiempo para educarnos o informarnos, para alimentarnos, para trasladarnos, para el ocio (incluyendo la sexualidad), para la nada (descanso cerebral) y no hay mucho mas.

Conocer una nueva persona puede entrar dentro del tiempo de ocio, dónde todo el proceso de descubrimiento cómo disfrutar la sexualidad, acariciarnos mirando la luna en largos diálogos sin mucha coherencia, observarnos en silencio, etc. Todo esto sí puede ser una actividad en sí mismo. O sea, estar enamorados puede resultar una actividad, pero no estar en pareja.

Por eso, todos sabemos que el enamoramiento es finito (al menos con la misma persona), o sea que una vez que ya la (o lo) conocemos, sentarnos a mirarnos los ojos deja de ser “hacer algo” pasa a ser “hacer nada”.

Entonces, ¿qué ocurre? Lentamente volvemos a nuestras responsabilidades y/o actividades estimulantes. Y si a lo largo de esta transición nuestro ser amado no logra compartir alguna de las cosas que nos gustan hacer, es probable que se reduzca solamente a compartir el plano sexual o el de hacer nada (mirar tele), anunciando una ruptura inminente.

Esto es más fácil entenderlo si lo comparamos con la amistad. Podemos tener un grupo de amigos con los que compartimos las mismas actividades o varios grupos de acuerdo a cuan variados somos. Igualmente para ambos casos, los que perduran son únicamente aquellos que poseen actividades en común a nosotros: hacer algún deporte, un curso, ir a navegar, estudiar, lo mismo que enumeré antes.

Los que no logran compartir algo más con nosotros porque los conocimos en un viaje, o porque el curso o la facu terminaron, o porque dejamos de trabajar juntos, no duran más que un chat o alguna que otra cena ocasional (y solo porque en definitiva comer hay que comer).

Conclusión: Si estás empezando algo con alguien, presta atención a cuánto (a pesar de lo mucho que te gusta) tienen en común. Si es bastante, hay grandes chances de perdurar. Si es muy poco, te quedan tres alternativas:

La primera es que ambos hagan un intento de sacrificar algo de lo hacen con su tiempo libre para tratar de disfrutar una pizca de lo que le gusta hacer al otro. Puede funcionar, solo sé qué cuánto más viejos nos ponemos menos ganas de cambiar tenemos.

La segunda es que te pelees y te arregles constantemente. De esta forma prolongarás un poco más el enamoramiento.

Y la tercera es FULL POWER. Disfruta del hechizo mientras dure y mochila al hombro cuando llegue el momento.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Voto por la nuemero 3.... toda relacion que forme parte de tu vida ya no queda fuera de ella! se convierte en "dentro"... Igual... El que sea parte de tu rutina o te quede comodo no significa que realmente esta dentro de tu vida...

Marina dijo...

Es decir que entonces hay que estar con uno "hasta incluso sin amor", para que "dure". Buenísimo. Allá vamos!

cd dijo...

1 2 y 3 : combinadas claro

Anónimo dijo...

La idea no es que dure, sino que valga la pena vivirlo, sino es un desgaste y perdida de tiempo

Sofia dijo...

El dejar entrar al otro en tu vida y animarse a que entre en la tuya es todo un desafio...
La cuestion no esta en hacerlo durar, sino en el que te haga vivir y crecer

Lucre dijo...

Yo creo que:<<...porque el amor cuando no muere mata...y amores que matan nunca mueren...>>
Lucre.

Olga dijo...

creo que cuando dos seres ( que se aman ) se unen , se forma un tercer ser ... la relacion , y de ahi se proyecta y construye de a dos , lo de uno , lo del otro y lo de ambos .....

Belu dijo...

muy bueno ale... voto por compartir siempre, aunque no se trate de cosas muy profundas, sino me muero de embole!

Sherezade dijo...

Impresionada, creo q tienes mucha razón.

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