miércoles, 29 de abril de 2009

El Buscador

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador...

Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra.

Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando, es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras; la rodeaba por ocmpleto una especie de valla pequeña de madera lustrada.

... Una portezuela de bronce invitaba a entrar.

De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.

El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor.

Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.

Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas.

El buscador se sintió terriblemente conmocionado.

Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba.

Una por una, empezó a leer las lápidas.

Todas tenían inscripciones similares, un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.

Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años...

Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó.

Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

- No, ningún familiar - dijo el buscador - ¿qué pasa con este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible hay en esta ciudad?. ¿por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?.

El anciano se sonrió y dijo:

- Puede Ud. serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré...

Cuando un joven cumple 15 años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgado al cuello.

Y es tradición entre nosotros que a partir de allí,, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anota en ella:
a la izquierda, qué fue lo disfrutado...
a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media? ...

Y después ... la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana? ...

¿Y el embarazo o el nacimiento de su primer hijo ... ?

¿Y el casamiento de los amigos ... ?

¿Y el viaje más deseado ... ?

¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano ... ?

¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?.... ¿horas?, ¿días? ...

Así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos.... cada momento.

Cuando alguien muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de los disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque ESE es, para nosotros, el único y verdadero tiempo VIVIDO .

Jorge Bucay

domingo, 26 de abril de 2009

XXI - Sonrisas

- Y así comienza...

La princesa huyó de su castillo para no volver nunca más. Se refugió en una pequeña casa a la que decoró con mucho empeño y sacrificio, y se dedicó a fabricar perfumes artesanales. Recolectaba distintas muestras de la naturaleza para elaborar los aromas, una tarea que la obligaba a recorrer los alrededores de su hogar durante largas horas. Luego, una vez por semana, se trasladaba al pueblo para vender su producción a los dueños de las distintas ferias.

Vivía sola, aunque no siempre había sido así. Solía compartir el castillo con su mamá, su papá y su hermano, hasta que una noche su mama cerró los ojos y nunca más los volvió a abrir. 

A partir de ese momento todo cambio para ella. Tomó a su perro y decidió escapar.  Anduvo algunos días sin saber bien a donde ir. Caminó durante horas por lugares desconocidos hasta que encontró el lugar que le pareció ideal: esa casa que era perfecta en su contexto y también por su ubicación, pero además porque le acercó la paz que buscaba, solitaria, desde aquella pérdida. 

A pesar de que intentaba mostrarse amable y divertida, la princesa no abandonaba su distancia. Encontraba en la soledad, la mejor protección para su desilusión.

Era una mujer hermosa que atraía las miradas de hombres y mujeres, en su paso semanal por la aldea. A pesar de que con el tiempo se le conocieron algunos romances fallidos, en el último tiempo había optado por permanecer al margen del amor. 

La vida iba tomando el color de su elección, de la paz que buscaba, hasta que una mañana encontró una nota en la puerta de su casa. 

“No hay nada más atractivo que una mujer que se expresa a través de la seriedad. Que trasmite distancia y misterio en lo más superficial, pero también cierto temor y fragilidad en lo más profundo. Sin embargo, un día sin querer, descubrí tu tan selectiva sonrisa… y fue a partir de entonces que no pude dejar de pensar en vos…

Podría habértelo dicho mirándote a los ojos, pero aún no encontré el coraje para hacerlo. Hay algo que limita mi actuar, algo que me alerta que unas simples palabras sinceras no serían bienvenidas. Pero a la vez, me vi en la necesidad de comunicártelo… 

Por eso, después de pensar mucho, logre darme cuenta finalmente qué es ese “algo” que hay en vos que quiebra mi valentía. ¿Te interesará saber qué es? 

Si quisieras, sólo tendrías que responder un “SI” en esta misma nota. Mañana encontraras la respuesta.”

La princesa se sintió intrigada por este extraño, pero no dejaba de pensar que lo mejor era omitir la respuesta y continuar su vida tal cual y como estaba. Pasó ese día muy atenta a su alrededor, pero no logró encontrar indicio alguno. 

Cuando llegó la noche, cansada de su trabajo de todo el día, decidió acostarse temprano. Cerró los ojos con calma, pero a los cinco minutos tuvo una pesadilla que la despertó, abrupta, y la dejó invadida de miedo en medio de la solitaria oscuridad. Rápidamente y sin pensarlo, tomó la nota, escribió “SI” y la dejó en el lugar en el que la había encontrado. 

A la mañana siguiente, los pensamientos se le cruzaban indefinidos. Por un lado, quería correr a ver su nota, pero por otro se molestaba por prestarse a este juego. Era evidente un gran orgullo por haber logrado el desarraigo con la gente. Algo así no podía ocurrirle a ella. Entonces simplemente desayunó y buscó no modificar ninguno de sus hábitos, con el fin de no extender una situación que nunca debía haber comenzado. 

Sin embargo, cruzó la puerta y observó directamente el lugar donde había encontrado aquel misterioso papel. Pero no había nada. Su emoción se transformó en una gota de tristeza. 

Estaba decidida a continuar el día como si nada hubiera pasado, pero un ruido extraño la sacó de sus pensamientos y vio a su perro correr rápidamente hasta desaparecer de su vista. La princesa, desconcertada, gritó su nombre y sus gritos se fundieron con los ladridos que sonaban más lejos, pero más fuertes. De repente, cuando su voz se empezó a quebrar, respiró profundo y todo quedo en silencio. No se escuchaba nada y hasta el viento que soplaba intenso abandonó su furia. 

La quietud fue absoluta durante los instantes que el perro tardó en volver, con algo en la boca. Era un tramo de una caña. La princesa lo tomó y lo arrojó al suelo y, cuando cayó, un papel se desprendió de él. Ella no pudo disimular su sonrisa y miró rápido a los costados, como si se sintiera observada.

“Ese ´algo´ que nos mantiene como extraños todavía, se explica de la siguiente manera: 

Tu sonrisa, causa de mi enamoramiento, jamás fue concedida a ninguna persona que hasta ahora haya conocido. Sin embargo, tuve la suerte (o desgracia) de contemplarla, casi  por casualidad.

Me encontraba por el bosque. Te escuché cantar y, al acercarme hacia tu voz, te vi. Sonriente, feliz. Pero claro, tus ojos brillando, tus labios con sus extremos mirando al cielo, no eran para mí. 

Es por esto que decidí aparecer, pero aparecer de una forma distinta, aparecer de a poco, en partes. 

Cada aparición revelará algo nuevo de mí, algún detalle que al final conformará quién soy. Pero me impuse un condicionante: cada instancia exigirá una auténtica sonrisa y será ella quien le dará lugar al siguiente acercamiento.

Esta es la única forma que encuentro para darme cuenta si todo lo que soy es lo que querrías conocer. Tendré una sola oportunidad. Será la acumulación de tus sonrisas lo que nos conducirá a un encuentro.

Ahora bien, sabiendo que sonreirías al encontrara a tu perro con esta nota en su boca, me permitiste revelar algo muy importante para mí: Mis Palabras…”

Se quedo inmóvil. Por un momento pensó en hacer un bollo y olvidarse de todo. Sin embargo, doblo la nota y la guardo. 

Su día continuó con trabajo y su concentración la ausentó de todo. Al caer la noche, el episodio de la mañana permanecía ya lejos de su memoria. Se desvistió y, al revisar los bolsillos de su ropa, se reencontró con el papel. 

Decidió ubicarlo sobre su único gran espejo. Retrocedió para colgar su ropa y, al darse vuelta, notó que éste ya no estaba… 

- ¿Qué opinás? Momento de decidir... ¿Continuamos?

martes, 21 de abril de 2009

XX - No estas deprimida, estas distraída

- Un martini por favor.

No hay mejor trago para superar un mal momento. Empieza mi viaje. Qué más puedo querer que estar perdida en este bar, esta noche. Sacar los fantasmas de mi vida. Sacar su fantasma. Apagar la cabeza y tratar de disfrutar.


- Otro, gracias…

Como apareció el, aparecerán otros. No voy a hacer como si no me importara. Mañana cuando me levante volverá la angustia, pero esta noche no me lo puedo permitir. Esta noche no. 

- Buenas noches.
- …
- ¿No saludas?
- Capaz no tengo ganas de hablar-te.
- Seguro no tienes ganas de hablarme. Las mujeres no suelen hablar con extraños.  A menos…
- ¿A menos…? 
- A menos que hayan tomado un poco. Por eso esperé a tu segunda copa para acercarme.
- Muy gracioso… pero olvidate. No estoy borracha, ni de humor. Pero hoy no. Capaz la próxima…
- O capaz tenga que esperar una copa más. ¡Otro martini por favor!
- ¿Vos no tomás nada?
- Traje mi copa conmigo…
- Mirá, no quiero parecer una histérica, pero estoy deprimida. Mejor dejarlo acá.
- No estás deprimida, estás distraída.
- ¿Perdón?
- ¿No lo conoces?
- No estás deprimido, estás distraído. Distraído de la vida que te puebla, distraído de la vida que te rodea. Delfines, bosques, mares, montañas, ríos. No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano, cuando en el mundo hay millones. Además, no es tan malo vivir solo. Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer y gracias a la soledad me conozco. Algo fundamental para vivir. Y sigue…
- Muy lindo…
- Estás distraída esta noche, sea cual sea tu problema, no estás enfocando bien, no tomas consciencia del lugar donde estamos, la música, la noche, el aroma, las luces, la barra, el trago, la compañía, la ciudad. Si tan solo te aislaras un segundo de lo que te está ocurriendo, pusieras una especie de pausa, para continuar mañana, podrías apreciar este momento y llevarlo a tu memoria como si hoy fuera uno de tus mejores días.
- …
- No seas tonta, pon la pausa. Hazme caso. 
- No puedo… estoy desecha.
- Se me ocurre algo… imagino que estás parando en algún hotel por aquí cerca. Pidamos la cuenta, y caminemos hacia allí. En el camino, no tienes que decirme ni una palabra, yo te contaré un cuento. Un cuento que dejaré incompleto. Si para cuando llegamos a la puerta del hotel, te  has aburrido,  seguiré mi camino. Si por el contrario, quieres que siga la narración, tendrás que invitarme tú una copa en el bar de tu hotel. 
- ¿Qué clase de cuento?
- Un cuento de princesas…
- ¿Me estas jodiendo? ¿Es una táctica para conquistar mujeres desoladas?
- No. Será un ejercicio improvisación. Representaré una obra para ti. ¿Vienes?
- Ok, vamos. Me quiero reír un rato. Pero te advierto…
- No hace falta. Te vas a sorprender.

La curiosidad mato al gato

Alguien que conozco abrió un blog con la intención de contar historias personales. Historias fuertes, aquellas que no todos se animan a hacer ni menos a compartir. Después de leer la primera que acaba de escribir atentamente (Una noche de Abril en el 2004...), se me ocurrió hacer este ensayo

Muchas veces los hombres tendemos a ser más abiertos entre nosotros con respecto a las experiencias que vamos viviendo, compartiendo entre amigos la mayoría de nuestras anécdotas. Las mujeres, en cambio, me dan la sensación que son algo más silenciosas, reservadas. Ojo, pueden tener alguna que otra amiga confidente, pero no andarán ventilando abiertamente sus travesuras, sobre todo si estas llegaran a ser más que eso.

Pero a la hora de contarnos historias entre hombres y mujeres, ahí sí, creo que todos ocultamos la verdad. Estamos condicionados por una “imagen” que hay que mantener, obligándonos a tener cierta reserva sobre nuestros actos. 

¿Alguna mujer realmente sabe lo que pasa en una despedida de solteros? ¿Algún hombre sabe lo que hacen las mujeres en una despedida de solteras? Aunque a primera vista diría que las femeninas son mas “tranquis” que las masculinas, creo que ambos géneros nos sorprenderíamos de ser testigos de algo así. 

Soy adicto a la verdad, pero esta no es adicta a mí. Lamentablemente aún no podemos contarnos todo, estamos tan lejos que nos falta un camino por recorrer. Por eso se me ocurrió compartir lo siguiente:

Hay un sitio web que se llama contactossex. No es para abrir en el trabajo, ni tampoco les voy a contar mucho de que se trata, ya que el propio título lo dice todo. Lo que si les voy a decir es que es una especie de buscador de pareja dónde uno tiene la posibilidad de definir qué es y que está buscando. La diferencia principal con esta clase de sitios es que en este uno puede ser: Hombre, Mujer, Pareja, Grupo, Travesti, CD, etc. Y a la vez puede estar buscando cualquiera de estas opciones.

Para que se den una idea, una mujer que se registra en este sitio, recibe aproximadamente 100 mensajes por día. Aclaro, esto no es para todos, pero tampoco es para ninguno. 

También van a encontrar relatos e historias personales que no se escuchan todos los días. Probablemente algunos elijan creer que son ficción, otros capaz se animen a contarme alguna en un comentario anónimo. 

O capaz me animo a contar alguna yo… sin decirles quien soy.

miércoles, 15 de abril de 2009

No sos vos, soy yo

Este ensayo se podría haber llamado también “Estrategia de salida”. Estuve indeciso con el título, pero termine optando por el más popular.

Salvo en situaciones de despecho, las personas tendemos a ser naturalmente buenas. Hacer daño es algo que no nos gusta, y buscamos evitarlo bajo todos los medios.

Para que una persona elija hacerle daño a otra, tiene que tener un motivo. Esta afirmación resulta válida a tal punto que en el derecho penal, para determinar a alguien como sospechoso de un asesinato, necesitan hallar al menos un motivo por el cual pudo haber decidido cometerlo. Sin motivo, el único medio que queda es la demencia.

Teniendo esto claro, podemos afirmar, que cualquier individuo buscará por todos los medios evitar generar daño a otro siempre que sea posible.

Cuando era más chico apoyaba una frase que había inventado que decía algo como:

“La verdad es buena, solo cuando hace bien”

Hoy, no sé si estoy tan de acuerdo, pero es un patrón repetido que las personas suelan evitar decir ciertas verdades cuando estas pueden provocar a un tercero un terrible daño emocional.

Todos queremos la verdad, pero cuando llega el momento de decirla, de ser reales y muchas veces bastante crueles, la ocultamos o la disfrazamos un poco.

En las relaciones afectivas uno queda enlazado con otra persona. Principalmente en lo emocional. Nuestro ánimo ya no depende pura y exclusivamente de nuestros “movimientos” sino que ahora también influye radicalmente un nuevo integrante en nuestra vida con la particularidad de ser exclusivo e irremplazable (por lo menos al corto plazo). Ver: Tener el control

Este enlace provoca que muchas veces le hagamos bien al otro y otras mucho mal. Capaz esta no sea nuestra intención, pero así sucede. Y, lamentablemente, puede llegar el día en el que capaz, nuestro deseo sea terminar con este vínculo. Ruptura que podría no ser avalada por el corazón de ambas partes, provocando la peor de las tristezas.

Así se da origen a una estrategia de salida. Una metodología de escape que busca lastimar lo menos posible al otro. El invento de una excusa que solo oculta la única verdad: “No te amo” o “no siento por vos lo mismo que vos capaz sentís por mí”. Y más doloroso aún, “no creo que alguna vez lo sienta”.

¿Es realmente posible reducirle el dolor al otro? Nadie lo sabe, pero no hay dudas que todos lo intenamos. ¿Cómo? Tratando de no desvalorarlo, sino todo lo contrario, culpándose a uno mismo. Stress, preocupaciones familiares, laborales y problemas varios que terminan en la misma frase: “No sos vos, soy yo”.

Esto ocurre tan rápido a veces, que una persona que parecía mágica, libre, enamoradiza, que vende un amor al mejor estilo “WALL-E”, a la mañana siguiente a la primera noche pasional, comienzan sus problemas.

La única verdad es cuando uno ama, todo lo demás no importa. No hay verdad más sabia que esta. Por algo, cuando se nos rompe el corazón, ni el dinero, ni el trabajo, ni el estudio, ni todas las boludeces que parecieran importar todos los días, nos roban más 10 minutos del pensamiento.

Ensayos relacionados:

lunes, 13 de abril de 2009

XIX - Te quiero... lejos

Sol dice:
¿Dónde estás?

Cris dice:
Perdoname Sol…

Sol dice:
¿Es todo lo que vas a decirme? Todavía no entiendo por qué debería perdonarte. Porque no entiendo qué pasó.

Cris dice:
No quiero explicártelo por acá. Prefiero que lo hablemos. No tuve forma de contactarte antes, así que esperé encontrarte por acá.

Sol dice:
Pero si estábamos juntos en el avión. ¿Dónde estás ahora?

Cris dice:
En Munich. Combiné apenas llegué.

Sol dice:
¡Sos un tarado! Me siento la mujer más idiota del mundo.

Cris dice:
¿Vos dónde estás?

Sol dice:
¡En Madrid Cristian! ¿Adónde voy a estar si no? Estaba con vos. ¿Te acordás? Yo no te iba a abandonar así sin más. Claramente, veo que vos pensaste distinto. Me equivoqué.

Cris dice:
Cuando te explique vas a entender mejor.

Sol dice:
¿Sabés qué? No me importa. Lo que pasó me sorprendió. Pero sirvió para ordenar en mi cabeza todas esas noches que nos la pasamos hablando. Le dio un sentido, una coherencia. No entendía bien qué hacía conectándome todas las noches para chatear con una persona que no había visto nunca en mi vida. Me lo pregunté mil veces sin encontrar respuesta. Me sentía boluda, y tenía vergüenza de contar que me pasaban cosas con un contacto de internet. Pero al verte todo cambió. Era la primera vez que estaba realmente cómoda al lado de alguien, sin mayor esfuerzo. Era yo y nadie más que yo. No tuve que pensar en nada. Simplemente ocurrió, sin plan. Conocerte me hizo sentir que hay que confiar y dar lugar a la curiosidad y no cerrarse a lo nuevo. Porque quedan sorpresas que esta vida te puede regalar.

Sol dice:
Cris, me gustaste. Me gustaste antes, y me gustabas hasta hace un instante.

Cris dice:
¡Esperá Sol!

Sol dice:
Nada podría haberme lastimado más que tu reacción. Los dos estuvimos ahí. Yo sentí que estábamos compartiendo un momento mágico. Sin embargo, yo estoy en Madrid, esperando una señal tuya, y vos, desapareciste. Si realmente lo que vivimos no fue suficiente para retenerte, para que pienses de nuevo las cosas, para que improvisemos algo juntos, nada lo será.

Cris dice:
¡Decime el número del hotel y te llamo!

Sol dice:
No Cris. Ya te fuiste.

Sol is offline

domingo, 12 de abril de 2009

Longevidad

¿Cuánto duran las parejas de hoy en día aproximadamente? ¿Alguien posee esta respuesta? Probablemente no. Sin embargo creo que todos estamos de acuerdo, a simple vista, que duran menos que antes.

¿Antes que cuándo? Descartemos a nuestros abuelos y gran parte de nuestros padres, ya que el divorcio recién fue permitido por ley a partir de 1987. Mi enfoque apunta a los noviazgos y matrimonios de los últimos tiempos. Especialmente a aquellos formados en los últimos años.

Sin hacer un análisis estadístico, y como resultado de mi precaria observación, me he dado cuenta que las parejas que resultaron ser más longevas en las personas que hoy tienen no más de 40 años, fueron las primeras.

Y con esto no hago referencia al primer amor, sino a ese primer vínculo donde uno realmente comienza a compartir su vida de todos los días con alguien. Los amigos, las familias, las principales actividades, etc.

Estas primeras relaciones que para la mayoría dura entre 3 y 7 años, algunos privilegiados de 10, no vuelven a repetirse. Todas a partir de ahí duran menos. Seguro que va a haber grandes excepciones, pero hoy por hoy, cuando cruzo vivencias con el pequeño mundo que me rodea, cada vez se vuelve más evidente mi apreciación.

¿Y por qué será? No me voy a enfocar en analizar porque la gente termina cada vez mas, ya que todos los que hemos cortado lo sabemos (no es más que menos tolerancia y exceso de oportunidades para ambos sexos).

Lo que sí pretendo justificar es el motivo del porque dura más la primera. Y en mi opinión solo tiene que ver con el miedo. El temor a lo desconocido. Temor que se desvanece cuando se supera la primer relación y se toma consciencia que no es el fin del mundo, es simplemente un momento doloroso del que uno se repone sin problemas. El miedo, las dudas,  extienden significativamente el tiempo que una relación debería haber existido por mutua elección. 

Cuando una persona se da cuenta que puede cambiar su vida cuando deja de sentirse del todo satisfecha, o en otros casos cuando se siente terriblemente mal, toma la decisión en el momento y sigue adelante. Ya no demora lo mismo que antes. Ya sabe lo que debe hacer y aquello que le espera.

No se si esto es bueno o es malo, simplemente es lo que esta ocurriendo. O por lo menos es lo que yo estoy percibiendo. No es casual que en Alemania, una legisladora quisiera proponer que los matrimonios fueran renovables cada 6 años. Dándolos por terminado automáticamente a menos que ambos manifestaran proactivamente su interés en conservarlo.

¿Entonces? ¿Cuánto duran las parejas de hoy en día? Durán lo que dura el amor… y este pareciera que no dura mucho, o por lo menos no toda la vida… aunque sea esto lo que a nosotros nos gustaría que ocurra.

Ensayo Relacionado:

domingo, 5 de abril de 2009

Los débiles

¿Quiénes son los débiles? En este caso aquellos a quienes les cuesta decir no. Alguien sumamente flexible, laxo, tolerante.

Yo, por el contrario, me considero una persona muy estricta en relación a sus pasiones. Tengo muy bien definido que quiero y que no quiero.

Esto no significa que ciertas cosas que no me gustaban antes, hoy me puedan gustar; simplemente tiene que ver con que se proponer y disponer con claridad y sin excepciones, aquello que deseo y lo que no deseo.

Sin embargo, no todos somos así.  Y bienvenidas sean las diferencias, ¿no? Pero en las personalidades totalmente opuestas a la mía, existe una amenaza. No para la persona que la posee, sino para quien elige compartir su vida con alguien así.

El principal problema que enfrenta una persona que compare su vida con un débil es que la evidencia de un “no” débil, alerta la existencia de un “si” débil también.

¿Qué quiero decir con esto? Una persona que se deja llevar mucho, presenta una personalidad en general dubitativa. Las dudas no ocurren solo al negar sino también al afirmar. Entonces, si hay algo que no quiere hacer, alguien con quien no quiere estar, y posteriormente ocurre todo lo contrario, es un hecho que al revés pueda pasar exactamente lo mismo.

Un “te amo” expresado por un débil posee el mismo grado de fragilidad que un “no te amo”.

Todos tenemos defectos y seguramente el ser una persona tan estricta tenga mis amenazas también. Por eso el consejo para relacionarte con un débil es el siguiente:

No presiones demasiado si queres descubrir lo que realmente siente. Y es verdad que capaz te la robe alguien que presiona más. Pero si la única forma de tenerla es desconociendo si realmente me ama, yo prefiero perderla.

jueves, 2 de abril de 2009

Cuando te cae la ficha

Hay un momento dónde todo aquello que parecía ser el mundo que deseábamos se desvanece. Es un instante donde se nos abren los ojos como si hubieran estado tapados desde el comienzo.

Lo primero que indica es el fin de una etapa. Para sentir esta sensación, algo debe haber terminado, dándole lugar a un momento de incertidumbre hasta encontrar un nuevo horizonte.

Además, este momento de lucidez, de maduración, siempre está antecedido por la conquista o el abandono. Puede ser porque alcanzamos un objetivo o porque no tenemos más fuerzas para seguir luchando. 

Pero lo más importante tiene que ver con la revelación que surge al momento de caerte la ficha, ya que a veces puede ser muy positiva y otras muy negativa.

Si es positiva, si la sensación que te invade te hace sentir reconfortado, simplemente significa que aquello que buscabas, resulto ser exactamente lo que encontraste.

Sin embargo, si emocionalmente te derrumba, si ocurre una desilusión o si te sorprende disruptivamente para mejor, claramente tu percepción tiene una alta carga de idealización.

En la vida, todos comenzamos idealizando, pero a medida que pasa el tiempo, al ir variando, probando, experimentando, nos vamos dando cuenta que no todo es lo que parece.

Entonces si ya tenes unos buenos años, y aún seguís en una búsqueda frustrada, llena de sorpresas que difieren mucho de lo que esperabas… la única conclusión que se me ocurre, es que aún no has experimentado lo suficiente. En la medida que uno experimenta el mundo se va achicando.

Y ojo como se entiende esa palabra experimentar… Esta no tiene que ver con cuanto hemos hecho de algo, sino cuan variado.

En el conocimiento del arte culinario, no es lo mismo quien come mucho sin extenderse a más de diez platos distintos, que quien come poco pero ha probado todo tipo de sabores.

No hay dudas que al ver una comida exótica en la bandeja de un mozo, será el segundo quien afirme con mayor seguridad si le gustará o no, mientras que el primero solo podrá decir algo como: “¡Ojalá esté rico!”

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