miércoles, 9 de septiembre de 2009

XXXV - دولة قطر

Sol:

Esta es mi despedida. Me voy. Continuo con el viaje que me propuse. No hay nada que desee más en el mundo. Y estoy dispuesto a aceptar el costo. No creo que vuelvas a saber de mí.

Se que te voy a extrañar. Supiste convertirte en mi compañera. Mi vida afectiva no tenía un sentido. Me enamoré joven y me rompieron el corazón. Nunca me repuse de eso, creo. Quise alejar a las mujeres de mi vida. Dejé de creer en todo. Creí que ya nadie me emocionaba. Nunca mentí, pero tampoco le di lugar a nadie. Con el tiempo pude ver que fui muy cobarde.

No se si todo habrá sido responsabilidad mía. Quiero creer que las personas que se relacionaron conmigo tampoco me tuvieron la paciencia necesaria para que yo relajara mis inseguridades. Supongo que necesitaba a alguien con tacto, alguien que viera en mí algo más de lo que yo mostraba. Pero nadie apareció.

Encontrarte y buscar conocerte por internet cambió las reglas del juego. No tuvimos otra opción que conocernos antes de tocarnos. La sexualidad se postergó, inevitablemente. Se volvió la consecuencia de nuestra relación y no la causa, como había sido siempre para mí. Nos conocimos, sin mirarnos.

Conocí a alguien en problemas, atemorizada, que aparentaba vivir en un mundo de colores pero que resultó ser un mundo teñido de negro. Y aunque fue tu belleza lo que me enamoró en el preciso instante en que te vi, fue tu compañía la que me cautivó y la que causó tan fuerte arraigo.

Las personas que daban vueltas en mi vida fueron quedando atrás y vos… vos tomabas poco a poco el primer y único lugar. Pero empecé a sentir temor. Mi juego de conquista me conquistó a mí. Perdí visibilidad de lo que podrías estar sintiendo. No pude ver más allá de la paranoia que produce el amor.

Hasta que te vi. Por segunda vez. Verte caminar hacia mí, en el pasillo del avión, es una imagen que me acompañará el resto de mis días. Cumplí un sueño. La vida me regaló un encuentro perfecto. Un instante en el que dos personas se miran y no existen ventajas ni desventajas para nadie. Momentos que creemos que no existen, que dejamos de buscar por temor a quedarnos toda la vida buscando. Un momento de amor total.

Pero me hicieron daño Sol. Y cuando tuve un segundo para pensar reaccioné por historia y no por presente. Y a causa de ese error, te perdí. Era predecible, no estoy acostumbrado. No es un problema de tiempo, es un problema de consciencia. Yo no era consciente de lo que me estaba pasando con vos. Recién ahora logro comprender.

Así termina nuestra historia. Pero no hay dudas: comenzará otra.

sábado, 22 de agosto de 2009

XXXIV - Mount Everest

Tendré que decidirlo camino al aeropuerto. No tengo alternativa. Los vuelos son casi a la misma hora. Qatar. Madrid. Madrid. Qatar. Elegir es difícil, por lo que dejamos de lado.

Todo el equipo que llevo, todas mis cosas, todas mis ilusiones. De sólo pensar en la posibilidad de abandonar este viaje que tanto ansié, este sueño que tengo hace años, muero un poco. De nostalgia. Es una idea que me viene acompañando hace mucho, que me inspira, que me mantiene despierto y dejarlo ahora... es doloroso. No quiero.

Al principio ni me permitía pensar en hacer algo así. Para no hacerme expectativas. Para no desilusionarme. Y ahora, acá estoy. En la puerta de un viaje a Katmandú. Una aventura de 50 mil dólares por la que te privaste de muchas cosas, a punto de comenzar. Puse todas mis energías en organizar un viaje que parecía imposible: las juntadas con todos los compañeros, el entrenamiento para estar en las mejores condiciones, los 200 km de trekking hasta la base, la energía puesta en justificar mis deseos. ¿Por qué habrá que justificar el deseo de hacer algo así? ¿Sólo porque va en contra de los planes ordinarios?

¿Cómo hago ahora para abandonarlo todo? Si soñé con ascender a esta montaña desde que soy un chico. Una montaña. Parece una boludez. Pero es mi boludez. Con lo importante que es tener, al menos, una boludez que nos quite el sueño y nos movilice. Llegado un punto, ya da lo mismo llegar o no a la cima. Sólo importa estar ahí. Intentarlo. Se que hay riesgos. Y no quiero resultar un egoísta. Voy a cuidarme. Pero por eso elegí un momento en el que estaba solo para hacerlo. Por eso también fui sincero y acepté perder. Acepté que alguien quiera irse de mi vida. Por eso no vendí fantasías que no iba a poder cumplir. Mi objetivo era éste. Habrá algun momento en mi vida en que el amor y la familia sean protagonistas. Pero ahora es momento de cerrar esto.

¿Qué injusta es la vida a veces? O te da todo junto o no te da nada. Y si no tenés tus prioridades bien definidas, corrés el riesgo de equivocarte feo y no poder remediarlo. Se que tengo que viajar, se que Sol tiene que esperarme. Esto soy yo. Si dejara el viaje de lado, todo lo que le mostré de mí, todo lo que la enamoró sería solo una línea de levante. Si se enamoró de mi pasión, si se enamoró de mi búsqueda, sabrá apoyarme en ésta. En definitiva, ¿cuánto le estoy pidiendo? ¿Dos meses? Ella sabe lo que significan para mí. Yo lo haría por ella. Yo la esperaría. No hay amor más generoso que el que se sabe al mismo tiempo libre y singular.

Ya está. Me voy. Vuelo Qatar. Voy a alcanzar lo que me propuse. Y después volveré por ella. Aunque se enoje, aunque hoy no pueda comprenderlo. Le voy a mandar algo desde el aeropuerto para explicarle...

miércoles, 12 de agosto de 2009

XXXIII - Todo o Nada

Llamame Sol. Dale. Tal vez es demasiado tarde pero no me resgino a perderte. Buscame. Sabés que no quiero dejar de lado el viaje pero no me la hagas fácil, no me simplifiques la decisión.

Y vos Cris, no seas cobarde. No flotes en el agua como un cagón, a la deriva, esperando que la vida tome las decisiones por vos. Pensá un segundo hacia dónde querés ir. Y si resulta que es contra la corriente, no te rindas, no le regales tu decisión a nadie. Tenés que aclarar lo que querés. Si no, no vas a saber aceptar lo que perdés.

Sol, vivo en un flash desde que te vi. Me enamoré de nuestra historia, de nuesto comienzo bizarro. Busco esto todo el tiempo. Odio lo común, lo ordinario, me aburro fácil. Pensé que era imposible, que no te iba a conquistar. Te enaltecí. Te idealicé. ¿Cómo me va a dar bola a mí una de esas mujeres que viven de novias, que nunca están solas, que las conquista el pibe carilindo del primer verano terminado el colegio y le pegan con él seis años de corrido o no paran hasta el altar? Una chica que si acaso no sobrevive a las crisis de una relación longeva, pasa dos semanas soltera hasta que aparece un nuevo príncipe que no la libera más. Yo pensaba que para que una mujer así te acompañe, hay que estar en el momento justo, y eso es tan difícil que probablemente se te pasa la vida esperando. Ninguna mujer hermosa y sana está sola. Sólo las problemáticas permanecen años en historias llenas de tristeza. Pero vos resultaste ser de otra manera, Sol, más allá de las apariencias y mis fantasías.

La suerte estuvo de mi lado. El azar me la cruzó en sus meses de crisis, cuando todo está para atrás, cuando es momento de cambio, de reconversión. Tuve suerte. Actué rápido y la aproveché. ¿Cómo conquistar una mujer en ese estado? Las princesas aman lo espontáneo. Odian que planifiquemos todo. Que las cosas sean tan pensadas. Si me ponía a buscar el Manual del Levante, no hubiera durado dos minutos. Ellas sólo quieren que los astros se pongan en línea, y que la metafísica nos una. Son jodidas. Si supieran los mambos cerebrales que atravesamos para hacernos notar. Para mostrar interés pero que no sea tan obvio.

Por suerte me queda la sensación de no haber hecho boludeces. Fui yo mismo. Me mostré tal cual soy. Con lo bueno y lo malo. Traté de hacer todo bien. Le dije que me gustaba y tema cerrado. Dejé a un lado la doble intención. Dije que sí y dije que no. Traté de ser justo, transparente. Basta de festejarles todo, o de vender, obligado, un circo de colores. ¡Qué desgaste! ¡Qué boludos somos los hombres a veces! O no. No se. Lo que sí se, es que esta vez funcionó la antiregla. Lo fácil, lo verdadero, lo que debe ser. Sin esfuerzo, sin destiempos. Y las horas compartidas hicieron el resto. Se enamoró. Y yo también. Increíble. Mejor imposible.

Ya es tarde. Tendría que ir saliendo.

lunes, 3 de agosto de 2009

XXXII - Después volver

Informamos a los señores pasajeros que el vuelo 6843 de Iberia con destino a Buenos Aires comenzará a abordar en 5 minutos.

Capaz debería sentirme una fracasada, pero creo que esta vez no es así. Continuar el viaje de esta manera no tiene sentido. Aguantarme sola algo como esto no tiene sentido. Quiero volver. No sé bien qué voy a hacer, pero quiero volver.

Capaz vuelva en dos semanas, capaz no vuelva nunca más, pero ya no me importa. Lo que necesitaba entender acaba de hacerse nítido. No voy a escaparle a nada ni a nadie porque todo es demasiado frágil. Tan, pero tan frágil, que no tiene sentido cuidarlo tanto si igual se va a romper el día que la vida quiera.

Te extraño, Cris. Creo que no voy a parar de repetirlo por un largo tiempo. Sinceramente no sé cómo le voy a dar una explicación a mi corazón para seguir adelante, sanamente. Intuyo que van a venir momentos duros, momentos de comparaciones, de nostalgia, de sentirme en el lugar equivocado. Pero ahora tengo este plan del que voy a agarrarme. Cuando llegue a Buenos Aires …

- Tarjeta de embarque, por favor.
- Acá está.
- Asiento 32A. Qué tenga un buen vuelo.
- Gracias.

Pensar que salí por esta manga hace dos días. Capaz el viaje que debía hacer era hacia Buenos Aires y no desde allá. El bolso lo tenía que desarmar en mi departamento y planificar como si recién llegara a vivir ahí. ¿Necesitaba viajar tantos kilómetros para hacer algo tan simple? ¿O necesitaba sufrir en serio para dejar de preocuparme por pavadas?

En unos días, cuando esté un poco mejor, voy a ir a ver a la familia de Cris. Aunque sea voy a ponerme en contacto con algún amigo. Quiero saber más acerca de él, de quien era. Quién fuiste, Cris. Siento que sino me van a quedar dando vueltas demasiadas preguntas, porque aún es parte de muchas cosas.

No más rupturas drásticas. No más arrancar personas de mi vida y reemplazarlas por otras. Quiero sumar. No quiero dejar de pensarlo, quiero soñarlo y sentir la nostalgia que me regaló. Tengo que hacer de esto un lindo recuerdo. Como deberían haber sido todos los demás.

Y aunque me quiebre más de una vez, o aunque no de más del dolor y todo esto que pienso se convierta en mera teoría, mi próxima lágrima será mientras sonrío y no más por tener pena de mi misma. Este es mi contrato. Conmigo.

sábado, 25 de julio de 2009

XXXI - El verdugo

Tiemblo, estoy temblando. Pero no es el cuerpo, es la sed. Papá, ayudáme, sacáme de acá que esta vez siento que en verdad no puedo más, no quiero estar así, no lo soporto, me tiembla el corazón.

Aunque capaz, Sol, no seas pesimista, capaz no sea así, pero a quién vas a engañar, nena, no te pases la película romántica porque lo perdiste. Y cómo voy a hacer para asumir. No tengo esa fuerza, no tengo nada, Cris, me quedé vacía, acostada sobre esta cama que no me sostiene.

Qué hago con lo que tengo adentro, con todo lo que quise decirte, con los lugares a los que no fuimos; no nos conocimos vos y yo, o vos a mí sí, a esta idiota, idiota total. Qué bronca, qué tarada, por qué, por qué no reaccioné. Otra vez tuve las respuestas delante de mí, otra vez me porté como una pendeja caprichosa.

Aunque no, sí, ¿qué no?, hice todo mal, y ahora lo perdí. Qué voy a hacer con mis fantasías. Y qué van a hacer los demás, a los que arruiné, su familia. Odio, odio, odio es lo único que siento. Me odio. ¡Basta! qué desesperación, necesito tranquilizarme, estoy pensando mal. Basta.

¡Basta!, no puedo más, me tengo que calmar, aunque me haga daño necesito dormir, un sueño que me saque de acá, algo, algo para respirar y no temblar más. Esto es, esto, sólo para pasar esta noche, me lo prometo.

Lo único que hiciste fue enloquecer a todos con este viaje, rompiste las pelotas, rompiste relaciones, les gritaste a tus viejos, hiciste llorar a tu hermana, todo por estar acá. ¿Y ahora? ¿Vas a seguir cagándoles la vida?

Basta, este martirio, nunca me sentí así y esta soledad, qué se hace con tan poco. Si el mundo no me importa, tengo quebrada la voluntad, Cris, siento que resignaría todo lo que construí hasta acá por verte aparecer, porqué suene el teléfono, mi amor, por favor, sacame de acá porque si vos estás muerto y vivo en mí yo no puedo seguir. Me estoy volviendo loca, frenar el diálogo interno, acordate: frenar el dialogo interno, frenar el diálogo interno, hay que frenar el…

martes, 21 de julio de 2009

XXX - Hablame

Cris:

¿Dónde estas? Necesito hablarte, ¿sabés? Pasamos tantos meses escribiéndonos, acompañándonos, que mi cuerpo hoy no puede soportar que esta noche sea distinta. Así es que voy a entornar mis ojos, a buscar en mi recuerdo lo que vi de los tuyos y simular que hablamos.

Hola, Cris… el alivio empieza a entrar. Quiero mirarte, abrazarte, acariciar tu mejilla, aunque ahora sólo puedo tipear sobre una pantalla en blanco. Pero así, de a poco, voy consiguiendo que detrás de estas letras aparezca tu imagen, fija y constante. Fija y constante. Como un ejercicio para tocar el deseo, sos ahora un retrato que no se va. No te vas Cris, y ya sé que no te vas a ir más.

Quiero creer que estás en otro lado, que lo que veo por televisión no tiene nada que ver con vos. Te imagino ajeno a toda esta situación, volando con una sonrisa, próximo a aterrizar en ese lugar que tanto soñaste. Y esa idea me hace estar contenta, como en un destello.

Pero cuando esa luz se va en manos de mis fantasmas, te imagino triste. Triste porque no supiste más de tu Sol. Porque creés que no me jugué por vos, que tus vueltas me ganaron, que por miedo a salir lastimada y por mi orgullo cobarde me alejé de nuestro deseo. Te imagino triste porque al final resulté ser lo que tus miedos anticiparon.

Y ahora que conozco el transito opaco hasta el fondo de la desesperación, sólo encuentro en esta carta la forma de sacar lo que me está aplastando el ánimo. Lo que me quedó. Y eso es que estoy acá, Cris, camino a verte; estoy acá, buscándote por todos lados, sin saber más hacia qué dirección mirar.

Te voy a sorprender. No te vas a alejar. Te voy a emocionar. Mi dualidad libriana se puede convertir en decisión en un instante, sabés. Y esa parte es la que aún no conoces de mí.

Me pone bien hablarte. El alivio se ramifica por mi piel. Me siento algo mejor. ¿Sabes qué imagino? Que me hacés el amor, Cris. Que te subís implacable sobre mí y me dejás descubrir el sabor de tu piel.

Esta es una noche especial. Hoy te necesito conmigo para poder superar el preludio del amanecer y alcanzar el día de mañana. Quiero despertar y enterarme de que este accidente no te hizo daño a vos.

Por eso te pido, Cris, haceme el amor. Fuerte, pegate a mí. Haceme el amor con intensidad. Quiero que tus manos me posean, porque ¡sí!, quiero ser poseída por vos. Desvestime y mirame cuando lo hacés. O no me desvistas, y tocame. ¿Me deseás? ¿Soñaste alguna vez con este momento? Imaginá libremente, porque vas a poder crear conmigo lo que quieras.

Ahora sí, mi amor, ya podes tirar esta carta y mirarme a mi.

lunes, 20 de julio de 2009

XXIX - Reset

- ¿Marcos? ¿Qué hacés acá?
- Qué forma de recibirme. Sol, me dijiste que viniera para Madrid en lugar de irme directo, así no volabas sola para Paris. ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? Todo el vuelo me la pasé pensando en ese momento. Y ahora te encuentro con esa cara, como si hiciese una semana que no parás de llorar.
- Marcos, es que no entiendo nada.

- Te extrañaba mucho, Sol. No puedo creer que estemos otra vez juntos. Necesitaba mucho verte. La verdad es que pensé que te perdía para siempre ¿Me podés dar un abrazo y mostrar algo de entusiasmo? ¿Para esto me llamaste, para esto dijiste todo lo que me dijiste?
- Pero Marcos, yo no hice…
- Basta, no me hagas poner mal. Cortá con la joda o con lo que sea que te haya rayado. Ya bastante tuve con estas últimas semanas, no te das una idea de cómo la pasé. No pensé que podía llegar a ser tan difícil una separación. Sol, pensé muchas cosas que me encantaría contarte; quisiera que hablemos de otras que entendí, el porqué de tu alejamiento. ¿Sabés? No tengo ningún resentimiento. Creo que lo que pasó tenía que ser. Las cosas no estaban bien y yo estaba encaprichado con nosotros. Quería que siguiéramos juntos y no me importaba el precio. Y ahora, después de pensar más tranquilo me fui dando cuenta de que uno no puede reclamar sentimientos, simplemente porque nadie elige lo que siente. Sólo reacciona en consecuencia. Vos no tenías la culpa. O por lo menos, no la tenías toda.
- Pero…
- Pará, dejame terminar. Después de escribirte ese mail pude correrme a un costado y empezar a reconstruirme. Sabía que si eventualmente te daba el espacio ibas a poder mirarme como me viste cuando nos conocimos.
- Es que no pasa por culpas, Marcos. No es que hiciste o dejaste de hablar algo. No tiene que ver con vos.
- Justamente, lo que pasa es que uno tiende a culpar al otro acerca de los males que siente. Necesitamos culpables. Es una cuestión humana, según me dijo la psicóloga.
- ¿Qué? ¿Empezaste terapia?
- Si, la necesitaba. Por mí y por vos.
- Pero Marcos, no estás entendiendo.
- Sol, ya está. Pasado pisado. Como te dije antes, no hay resentimientos. Lo importante es que me llamaste, y estoy acá. Lo único que te quería decir es que me perdones por lo que te escribí. Dije lo que sentía en el momento, sin pensar mucho. Venía de unos días muy difíciles, y cuando todo te está saliendo mal, es cuando más solo te sentís. No te tenía cerca, necesitaba escuchar tu voz, cualquier cosa que tuviera que ver con mi Sol para calmarme. Y vos encima volando y cada vez mas lejos. A veces uno no entiende que culpándose a uno mismo existe la posibilidad de hacer las cosas mejor, de solucionarlas. Si la culpa siempre es de terceros, de la vida, de circunstancias que van más allá de nosotros, sólo somos víctimas. Y cuando uno es víctima, no puede hacer nada para mejorar. Sólo padece.
- Es verdad. Me hacés pensar.
- Después de ese día ya me había empezado a sentir mejor. Pero una noche estaba buscando algo por Internet y sin querer leí algo que me quebró. Pero esa vez no sentí ni bronca ni impotencia, sino una profunda nostalgia. Leí una frase que representaba todo lo que sentía. Tiene que ver con aquello que nos queda de un ser especial, cuando desaparece la furia producto de una ruptura y prevalecen los lindos momentos.
- ¿Cómo es esa frase?
- “No llores porque se terminó, sonreí porque ocurrió”.

- ¿Señorita?
- ¡Si! Perdón, me quedé dormida.
- Disculpe que la despierte, pero le queríamos avisar que los vuelos a Qatar se suspendieron por 24 horas.
- ¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué hora es?
- Son las 3AM.
- ¿Hay novedades del accidente? ¿Hubo sobrevivientes? ¿Confirmaron los pasajeros?
- Aparentemente hay algunos sobrevivientes, pero no han confirmado nada oficialmente. Siguen las tareas de rescate.
- Bueno, gracias.

jueves, 16 de julio de 2009

XXVIII - Irreversible

Murió. Lo sé. Ay, Dios. No, no, no puede ser.

- Permiso, por favor. ¿Me dejan pasar? No escucho nada. Ay, córranse, no entiendo lo que dicen. Que alguien suba el volumen de este televisor.

…hay mucha confusión en estos momentos. Todavía no hay datos oficiales sobre el número de víctimas. Fuentes del Ministerio del Interior manifestaron la posibilidad de que haya sobrevivientes. Sin embargo, voceros de la aerolínea dejaron trascender que las llamas estaban siendo imposibles de controlar y que eso estaba demorando las acciones de rescate. Lo cierto es que el vuelo de Lufthansa en el que viajaban 166 personas sufrió un grave accidente y que las caras de la gente que espera por información oficial se ven trágicas. Según las listas que están circulando, la mayoría de los pasajeros son de nacionalidad europea; además volaban treinta y tres árabes, siete norteamericanos, dos mexicanos y un argentino. Seguimos esperando que voceros de la empresa…

- Hola.
- ¿Caro?
- Si, ¿Sol? Qué alegría. ¿Cómo andás, boluda?
- Desesperada.
- ¿Qué te pasó? ¿Dónde estás?
- Caro, hubo un accidente en un vuelo y me parece que estaba Cris en el avión, el chico con el que me iba a encontrar en Ezeiza. No doy más. No sé qué hacer. No tengo a quién preguntarle, no conozco a su familia, no tengo ningún teléfono.
- Pará. ¿Me estás hablando del avión que desapareció de Lufthansa?
- Si, ahora no sé bien qué pasó, pero recién estaban diciendo que se está incendiando todo.
- Sol, tranquilízate un segundo. ¿Qué paso con Cris? No entiendo nada.
- Estuvo todo bien, después tuvimos un desencuentro porque los dos teníamos destinos diferentes. El se asustó y siguió su viaje sin decirme nada. Es largo de explicar, la cuestión es que yo iba a ir a buscarlo, estaba a punto de subirme a un avión para encontrarlo en Qatar pero finalmente no salimos por el tema del accidente.
- ¿Qué? No entiendo. ¿Vos no ibas para Paris?
- Caro, boluda, no importa eso ahora, no sé qué mierda hacer. No puedo llamar a casa porque se van a asustar. Estoy sola en el aeropuerto ¿Me decís qué hago? No quiero que le pase nada, Caro, no lo puedo soportar, me muero.
- Sol, tenes que calmarte, no supongas nada todavía. ¿Por qué crees que él estaba justo en ese vuelo?
- Porque iba a hacer combinación por Alemania y, de ahí, a Qatar. Me mandó un mail anoche esperando que le contara dónde estaba, porque iba a venir a buscarme a Madrid. Pero yo no leí los mails hasta muy tarde. Y si siguió con su plan original, es muy probable que sea el pasajero argentino que dicen que estaba en el avión.
- Pero pará, ¿chequeaste de nuevo tus mails?
- Si. De hecho recién le escribí que lo iba a ir buscar.
- Escuchame, amiga, estoy segura de que no embarcó. Lo sé. Tenés que creerme. En algún momento se va a dar cuenta de que pueden estar preocupados por él, y se va a comunicar de alguna manera. ¿Por qué no vas a algún lugar, te tranquilizás, te conectás y esperás novedades? Escribíle un mail y contále todo esto que sentís y dónde estás.
- Caro, explicame cómo hago para seguir. No puedo creerte, todo me dice que está ahí. Desapreció, me hirió y cuando volvió lo mande a cagar. No tuvo nada más de mi lado. Estoy segura que siguió su camino. Soy una forra, por no querer escucharlo un segundo. Actué de impulsiva. Viste como soy… una pelotuda. Ese era el momento en que me tenía que tragar el orgullo de mierda que llevo conmigo, esa basura que siempre está antes que yo.
- Sol, dejá de culparte, reaccionaste como cualquiera. No sabemos si le pasó algo. Esuchame un segundo, dejame que yo piense por vos ahora, que puedo hacerlo mejor. Andá a un bar o volvé al hotel. Conectate, quedate tranquila. Yo estoy acá, ahora estoy con vos, me quedo despierta y sigo mirando las noticias.
- Sí, Caro, pero vos entendés que puede ser que no lo vea nunca más. Qué se acabaron las oportunidades. Que lo que hice, por primera vez en mi vida, puede ser irreversible. Necesito decirle un montón de cosas. Siempre pensé que en los momentos de extrema necesidad, o en los peores momentos de la vida, uno realmente desea estar con quien ama de verdad. El corazón es el único que impone justicia. Odia o perdona a quien debe, y se caga en todas las forradas que parten de los pensamientos. A los sentimientos no les interesa quién creemos que es malo o bueno, quién creemos que nos lastimó o que nos hace bien, quién creemos que nos hizo quedar como idiotas. Sólo siente a quién debe querer y a quien no. Y te lo hace saber todo el tiempo. Yo lo sentía, Caro, y preferí ignorarlo.
- No llores, Sol. Tené algo de fe. No te desmorones, amiga, por favor. Todavía hay esperanzas. Subite ya a un avión a Buenos Aires. No digas nada que yo te voy a buscar.
- Imposible. Esta noche no me muevo de acá. Ahora, necesito salir, necesito aire. Sólo te quiero hacer una pregunta y por favor contestame con la verdad.
- Claro.
- ¿Si te quedaran unos días de vida, con quién querrías pasarlos? ¿Creés que sería con Martín? ¿O llamarías al forro de Nacho, que no te podés sacar de la cabeza?
- Pará, Sol, no hagas este drama. Ahora estoy preocupada por vos, mantenete comunicada. Es lo único que te pido.
- Está bien. No digas nada.
- Avisame.
- Sí, chau, gracias, Carola.

lunes, 22 de junio de 2009

XXVII - ¿Qué no haría por ti?

Señores pasajeros, informamos que hay problemas en el Aeropuerto de Doha, Qatar. Quedaron suspendidos todos los vuelos con ese destino, momentáneamente. Les pedimos que por favor desciendan del avión y aguarden en el salón de pre-embarco. Muchas gracias. Disculpen las molestias.

¿Y esto? ¿Justo ahora? Qué raro que nos hayan hecho bajar del avión. ¿Irá para largo? Bueno, tal vez sea mejor, puedo aprovechar y mandarle un mail.

Subject: Esperame, nene

Hola, Cris. Pensé que tendría unos minutos para escribirte, pero por suerte -o lamentablemente- tengo un poco más.

No voy a hablar acerca de todo lo que sentí durante estas últimas horas. Es que todavía estoy algo conmocionada. Me vine a Europa a vivir una experiencia libre, distinta, y me encuentro dando vueltas entre aviones, aeropuertos y hoteles, hace 36 horas, por un forro. ¿Te suena? ¡Sí!, reíte…

Pero, ya veo, mi viaje quedó desvirtuado totalmente, al menos por ahora. Y porque quiero ser fiel a lo que estoy sintiendo es que decidí posponerlo todo. E ir a encontrarte.

Estoy en el aeropuerto de Madrid. Pero en lugar de haber embarcado a Paris estoy aguardando para subir en un avión que se dirige a Qatar. Leíste bien, ¿no?

Sinceramente no pensé en nada. Me conmovió tu mail, pero más me conmovió tu ausencia. No sé si estoy enamorada o qué, pero me siento como “encantada”, como hechizada por lo mágico y a la vez frustrante de esta historia.

Pero no te entusiasmes, estoy dolida y no hago esto por vos. Quiero cerrarlo o empezarlo (sí, en ese orden), y fundamentalmente quiero dejar de girar en falso: no más vueltas para mí. Si al verte me devolvés la seguridad que supiste transmitirme desde que nos conocimos, estoy dispuesta a cualquier cosa.

Es evidente que mi viaje ya está en segundo plano y no me pienso resistir. Ya tomé ese camino demasiado tiempo. Sólo espero que tengas los huevos para demostrarme que querés lo mismo. No me desilusiones, Cris.

Tomé coraje porque vos tuviste valentía conmigo cuando yo no podía decidir. Doy fe que supiste esperar a que se cerrara mi historia con Marcos y también sé que no fui la mina más segura con vos.

Creo en lo justo, ¿sabés? Y aunque me hayas lastimado con lo que hiciste en estas horas (cuando me acuerdo te quiero matar), voy a tener paciencia porque, a esta distancia en el tiempo, me demostraste ser una persona que vale la pena y no quiero que un hecho que aún veo como aislado me cambie esa impresión.

Por eso te repito: por favor no me desilusiones. Acordate también que yo no soy vos, que tengo otra sensibilidad y que vengo de momentos jodidos. Mi resistencia está cansada.

Please, cuidame, Cris. Y más importante ahora: ¡esperame! No subas a ningún otro avión sin mí, tarado. En unas horas estoy por ahí.

Increíble. Pareciera que pasaron varios meses ya, ¿no?

TE QUIERO

Yo.

¿Lo releo? No. Basta. Sale así. ¿Y éste quilombo? ¿Por qué se acerca todo el mundo a la tele? Uf. ¿Faltará mucho? Voy a preguntar.

- Disculpe, ¿tiene idea de cuánto falta para que volvamos a embarcar?
- Mire, teníamos información de que un avión se había declarado en emergencia, y hasta que no logre aterrizar en Qatar el acceso al espacio aéreo del aeropuerto está restringido.
- ¿Pero qué paso?
- No se sabe bien, pero aparentemente perdió comunicación con los controladores aéreo y sin embargo seguía emitiendo una señal por un transmisor independiente.
-Ah ¿Y es normal? ¿Qué pasa en estos casos?
- Si un avión llega a tener problemas de comunicación debe mantener su vuelo original y aterrizar en la hora prevista en el plan de vuelo. De esta forma, y a pesar de no tener contacto, los controladores aéreos pueden despejar el área del tráfico de otras aerolíneas y darle prioridad a la aeronave en emergencia en su hora de arribo.
- Ah, entonces no hay problema ¿Ya aterrizó?
- No, lo están esperando. Por eso están todos pegados a la televisor. El problema es que hace un rato se perdió la señal que emitía el avión y la hora que tenía prevista de aterrizaje ya pasó.
- Ay, entonces puede ser grave. ¿De dónde salió el avión?
- De Munich.

miércoles, 17 de junio de 2009

XXVI - Reglas para los demás y excepciones para nosotros

¿Qué hora es? ¡No puede ser! ¡Lo tengo que llamar ya! Este pibe es un idiota, ¿cómo me va a hacer una cosa así? Es tardísimo… no me va a contestar.

Welcome to the Sofitel Munich Bayerpost Hotel. If you know your party’s room, please dial it know. If not, please hold on the line.

- Good morning, Sofitel Hotel, how can I help you?
- Yes… ¡Hi! May I speak with Cristian…
- One moment please… I’m sorry, he’ve just checked out his room.
- La puta madre.
- Excuse me?
- Nothing… Thank you very much.

¿Y ahora? Tengo que bajar dos cambios, tomarme las cosas con calma. Antes que nada necesito pensar seriamente lo que me plantea. Voy a Paris, le escribo un mail y después tomamos una decisión juntos o… ¿corro a buscarlo?

¿Pero adónde voy a ir? A Munich no puedo porque ya se va. Lo único que me resta es mandarle un mail para que me espere ahí, tomarme un avión a Qatar, y rezar para que lo lea antes de seguir vuelo. Es una locura. Aparte, no se si tengo guita para hacer todo eso. Si lo pongo en la tarjeta de papá me van a matar.

- Buenos días, ¿me podrían informar si hay alguna aerolínea que vuele directo a Qatar?
- Si señorita, hay un solo vuelo por día y está saliendo en 40 minutos.
- ¿Qué? ¿Cuánto cuesta?
- 250 euros. Si lo saca ahora, puedo avisar a la aerolínea para que le guarden el lugar.

No puedo decidir esto así, tan rápido. Además, si no le mando un mail va a hacer la conexión enseguida y lo voy a volver a perder. Ya ni me acuerdo cuántas horas tenía que estar allá hasta tomarse el siguiente vuelo. No puedoooo decidir.

- Lo compro. Visa.
- Ok, aquí tiene, puerta 17, Qatar Airways. Apúrese.

Me estoy equivocando, me estoy equivocando, me estoy equivocando. Necesito tres minutos para mandarle el mail. Y hacer algo bien entre tanta cagada que me estoy mandando. Para colmo, no le avisé a mi familia. Van a estar esperando mi llamado desde París. Y no tengo la menor idea de cuanto dura este vuelo. ¡Uy! qué mal me veo… Pero no importa. Ya fue. Voy por él.

domingo, 14 de junio de 2009

XXV - Subject: La verdad…

Sol, no voy a dar vueltas. Simplemente tomé distancia y pensé.

Y después de quedarme quieto un poco, de animarme a entender, pienso que, dado el contexto, sólo aparecen dos opciones entre nosotros: o nos jugamos por estar juntos, o nos separamos.

Esta situación de conocerte y separarme a la vez me atormentó. La verdad es que no quiero, Sol.

Hablamos durante tres meses, nos encantó conocernos, y finalmente llegó el día. Nos miramos y, de mi lado, ahora, puedo decirte que te siento, que te quiero, y que no tengo miedo de avanzar.

Este último tiempo fue de grandes decisiones y no voy a escapar a la que parece ser la más importante. Quiero estar con vos y no sabés lo bien que me hace expresarlo; me hace bien afrontarlo.

Entonces, creo que tenemos tres opciones. La primera es que alguno de los dos resigne este momento y se una a la causa del otro, acompañándolo y apoyándolo. La segunda, esperar. Yo voy a estar dos meses en Nepal, ya sabés para qué, así que una vez que haya terminado, puedo volver a Paris a buscarte. Y la tercera, la más dura para mí, es separarnos. Y si en algún momento nos volvemos a cruzar…

Dejame decirte que la tercera opción no es la que yo elijo. Pero también puedo ver que la primera y la segunda tienen distintas contras y riesgos. Si alguno de los dos resigna su sueño, es probable que al poco tiempo sienta algo de frustración. Pero si dejamos pasar unos meses, además de extrañarte horrores, la falta de comunicación puede alejarnos y dejarnos a una distancia insoslayable.

No te olvides de que allá, en Nepal, no voy a tener formas de comunicación como las que tuvimos hasta ahora. Te pido que lo tengas en cuenta.

Estoy en Munich, en un hotel cerca del aeropuerto. Tengo un pasaje que dice Qatar que no dejo de mirar, y una sensación que no me permite avanzar. Quiero hablar de esto con vos. Pero desapareciste.

Lo sé, el error fue mío. Deberíamos haber hablado de esto antes, pero me asuste. O capaz simplemente no supe qué responder a esta pregunta. O no supe qué es exactamente lo que estoy dispuesto a hacer.

Necesitaba pensarlo, necesitaba estar solo para estar seguro de que, sea como sea, te quiero a mi lado.

No tengo seguridad sobre nuestro futuro, pero tampoco me interesa tenerla. Prefiero dejarme llevar por mis ganas. Me molesta que mis deseos tengan destinos diferentes, pero tengo claro que no podría disfrutar bien de nada sabiendo que vos no estás o que te estoy perdiendo.

Hay muchas cosas que no te dije, que me guardé. Probablemente vos también tengas tus cuestiones. Pero, ¿qué importa? Si nos va mal, nos va bien también. ¿Qué vamos a esperar para tomar esta decisión? ¿Argumentos que nos devuelvan la razón o sentimientos que nos griten al corazón?

Creo que dije todo. Tarde o no, estoy dispuesto a hacer lo mejor por los dos. Me quedaré esperando tu respuesta. En un rato tengo que estar en el aeropuerto y tomar una decisión. Te dejo el teléfono del hotel para que puedas llamarme: +49 89 599480

Espero que recibas esto cuanto antes…

Te quiero

Cris

domingo, 31 de mayo de 2009

XXIV - Subject: Adios...

Marcos,

Recién hoy leí tu carta. Quizás tengas un poco de razón en todo lo que escribiste, hay gente nueva que intenta entrar en mi vida de la misma manera que lo hiciste vos pero se han ido por el mismo camino. 

No te mentí cuando te dije que no estoy en una buena etapa de mi vida, hay demasiado desorden y esta vez no quiero huir porque vaya a donde vaya los problemas persisten cambiando solo en aspecto. 

Ya no quiero seguir nadando en el lodo sin ver la cuerda a mi lado que pueda sacarme de ahí. Me agota estar tirando manotazos de ahogado sin poder ver una mejoría en nada, es por eso que me propuse calmarme, parar las rotativas y ver donde estoy, a donde me dirijo y empezar por algo. 

Necesito frenar mi fuerza centrípeta que atrae a hombres tan maravillosos como vos porque simplemente no tengo nada para dar, mis energías se agotaron y solo causo desconcierto y angustia, que son casualmente las sensaciones con las que convivo diariamente.

Marcos, sos increíble en muchísimos aspectos y es una injusticia habernos conocido en este momento, pero creo en la existencia de un destino y tengo la convicción que no existe el azar en esta vida, todo tiene una explicación y solo el tiempo me va a dar la respuesta de por qué nuestros caminos se cruzaron tan inoportunamente. 

Lo poco que pude darte fue sincero, fue real y fue lo último que me quedaba para alguien.

Sol

jueves, 21 de mayo de 2009

XXIII - Cris... Marcos... Juan... y Sol

- Juan, llegó la hora de irme.
- ¿Estás segura?
- Sí. Cualquier cosa que haga, me voy a arrepentir a la mañana.
- ¿Tan importante es esta persona?
- No lo sé. Pero lo que sí se es que no voy a estar con vos porque no pude estar con él. No sería justo para vos, ni para mí. Tu delicadeza, tu cuento, todo fue genial, pero él no se va de mi mente. ¿Realmente querés terminar abrazada a alguien que prefiere a otra persona esta noche?
- Sabias palabras. ¿Te acompaño de vuelta al hotel?
- No, prefiero caminar sola. Me va a hacer bien.
- Guardá esta nota en una cajita de cristal, nunca se sabe. Capaz algún día quieras escuchar el final del cuento.
- Adiós.



¿Y ahora Sol? Te quedaste sola. La bronca se fue.  Lo único que quiero es que la vida me lo devuelva. Es triste, pero no puedo hacer nada. Qué impotencia. Hace 24hs que me fui de casa, 24hs nada más que me subí a ese avión y, sin embargo,  siento que pasaron meses. Ya extraño, quiero a mi familia cerca, a mis amigas. 
Marcos, Marcos, Marcos.  Me debe odiar. El corte fue horrible, no sabía qué hacer, me dejó sin palabras, me mató verlo así. Y ahora me toca a mí. Me rompieron el corazón, por hacerme la loca. La que puede con todo. Me lo merezco. O por lo menos, ahora entiendo, pobre, cómo estaba. Ojalá que él pueda comprenderme a mí.

Este golpe de realidad me abre los ojos. Esta inseguridad, este no saber qué hacer, esta desilusión, es todo nuevo. Estaba silenciada, había perdido la capacidad de sentir, evidentemente. 

Capaz lo que siento por Cris, no es sólo por Cris. Y lo estoy agrandando en mi cabeza. Puede ser también parte de mi inexperiencia. Capaz soy yo que me siento deslumbrada por lo nuevo. Por venir de relaciones que no deberían haber sido. O, tal vez, por no poder comparar mucho. Todo fue siempre más de lo mismo. Cuando salís siempre con personas del mismo grupo, hay tantas cosas en común que no te llegas a dar cuenta y, al cruzar ese umbral, te parte la cabeza. Te da la sensación que son personas nuevas, pero prácticamente nos criamos juntos, mismo barrio, o mismo colegio, o mismos amigos que son los mismos cogidos, las mismas formas. 

Con Cris en cambio todo era distinto. Me atemoricé mal. Y cuando, por fín, me abrí, me metí en un cuento. Me creí cualquiera. Que ilusa que soy. La verdad es que sabía que él tenía un sueño. Que se quería ir para allá. Que venía ahorrando, planificando esto hace muchos años. ¿Qué pensaste boluda?, ¿Qué iba a dejar todo por vos?

Qué mezcla tengo.  Igual, espero que esté bien. Que lo cumpla. Que no le pase nada. Y yo tengo que cumplir la mía. La que me propuse. Todo va a estar bien.
- ¿Piso?
- 23, Por favor.

Me voy a bañar, mañana me voy temprano ¿A París? ¿O lo voy a buscar? Basta de pensar por esta noche. Voy a leer el mail de Marcos, y mañana decidiré en el taxi.

www.hotmail.com

Windows Live ID: solmartiniani@hotmail.com
Contraseña:  ********

Mail de Marcos y mail de Cris… Ufff. ¿Y ahora? Me causa gracia esta situación, vamos en orden.

domingo, 3 de mayo de 2009

XXII - Sonrisas - Segunda Parte

- ¿Por qué llorás?
- Sorry, no puedo hablar.
- ¿Dije algo malo?
- No… pero me acaban de romper el corazón, ¿sabés? Y no puedo dejar de pensar en eso. La historia que me contás, el gesto, esta forma en la que te acercaste hasta mí, todo lo que hiciste que suceda en unos minutos debería hacerme sentir especial, pero la verdad es que hoy sólo puedo desear a una persona, a una persona que me acaba de abandonar.
- ¿Cómo te llamás?
- Sol.
- Sol, no te olvidaré.
- Esperá. Vos, ¿cómo te llamás?
- Juan Cruz. Adiós, Sol. Fiel a mi promesa, acá nos separamos.
- Así que Juan Cruz ¿No pensás terminar con la historia?
- ¿Vos insistís?
- …
- Seguime y escuchá.

“Desconfió de sí misma, pensó que habría dejado la nota en otro lado, y en seguida el temor se potenció al imaginar que alguien podía haber entrado a la casa. Pero las ventanas estaban cerradas y a través de ellas, la  luna llena iluminaba un bosque solitario. ´¿Qué me pasa?´, se preguntó mientras buscaba la nota con actitud de ansiosa desesperación. 

Las agujas del sueño terminaron con su vigilia, sólo hasta que el frío de la noche la despertó. La leña con que calentaba la cabaña se había apagado. Se levantó en busca de su abrigo, con la intención de encender el hogar, temiendo que alguien estuviera jugando con ella.

En medio del silencio, agregó unos leños al fuego, caminó hasta la cocina para calentarse una sopa y cuando estuvo con la taza entre sus manos, levantó sus ojos y vio un gran fuego hamacándose a pocos metros de su jardín.
 
´Es él´, se entusiasmó. Con la cara iluminada, dejó la taza, abrió la puerta y corrió hacia la fogata. La calidez del aire acariciado por el fuego la reconfortó. “Definitivamente tiene que ser él”, pensó. 

Esperó unos segundos. Y esperó más, palpitando. “¿Dónde estás ¿Quién sos? ¿Por qué no aparecés, por qué acechás?”, se cuestionó sin voz y comenzó a alejarse del fuego, lentamente, hasta que de pronto escuchó un portazo: su cabaña había quedado completamente cerrada, con las llaves del lado de adentro.

Se sentó sobre el pasto, con una sensación mezcla de desconsuelo y protección. Entre los aullidos de lobos y el crujir del fuego, escuchó cómo los arbustos que la rodeaban se movían. Se paró de un salto, tomó rápidamente una rama encendida, pero nadie apareció, nadie se acercó hasta ella y al cabo de unos minutos y casi sin poder ver, decidió acercarse. 

- Hola –escuchó, por fin. 
- ¿Quien está ahí? –preguntó enseguida.
- Quien te pretende –le respondió una voz de hombre pausada.
- Me estás asustando. ¿Dónde estás? ¿Quién sos?
- Prometí que sólo te revelaría algo más de mí si lograba hacerte sonreír otra vez. 
- Pero mirá, mirame cómo estoy –aceleró su voz-. ¿Cómo creés que podría sonreír en una situación así?
- Está bien. Te voy a ayudar. Si caminás dos pasos hacia tu derecha, vas a chocarte con un abrigo de lana. Es mío, podés usarlo. Una vez que te encuentres confortable dentro de él, buscá en sus bolsillos, ahí encontrarás algunas herramientas que te ayudarán a abrir nuevamente tu pequeño castillo. 
- ¿Por qué estás haciendo esto por mí? –dijo ella, inquieta.
- Todos debemos ser rescatados de alguna manera, y a mí me ha tocado rescatarte a ti.

Ella sonrío. Y al sonreír:

- ¿Me ves? Estoy sonriendo. 
- Te veo, princesa. Qué descanses.
- ¡Esperá! ¿Qué más me vas a revelar de vos esta noche? Me permitiste conocer tu voz, puedo abrazar tu abrigo e imaginar el tamaño de tu espalda, pero me gustaría que me regales algo más, lo que sea, pero dame algo más, por favor.
- Está bien. Apagá tu rama encendida y caminá cinco pasos hacia adelante.
- ¿Qué voy a conocer?
- Vení, acercate unos pasos más.
- Pero decime, qué.
- Si mirás en la dirección que mira la luna, verás mis ojos que te miran, brillando por vos.
- Te veo, te estoy viendo pero, pará, no, ¿a dónde te vas ahora?

Algo había cambiado. La princesa abrió la puerta de la cabaña con facilidad y se acostó, invadida por una sensación de tranquilidad y protección. A la mañana siguiente, las confusiones comenzaron a desvanecerse, el acercamiento pausado le permitió disfrutar de lo que estaba pasando, sin presión.

´Hoy va a ser, tengo que encontrarlo, no sé en qué momento del día, pero es hoy´, pensó, entusiasmada, hasta que al abrir la ventana sus deseos se vieron envueltos por una terrible tormenta: la casa estaba bloqueada; las posibilidades, arruinadas. 

Siguió lloviendo todo el día, toda la noche; al día siguiente y así, la princesa pasó una semana incomunicada, sin poder ir al pueblo y ese encierro que era común por la época del año, se convirtió aquella vez en una cadena enredada, desesperante y brutal.

Finalmente, luego de diez días, el sol reapareció. Había pasado demasiado para el poco tiempo que tenía su “cuento” con el extraño, pero la llama seguía encendida. La expectativa de conocerlo estaba intacta y así fue que salió a buscarlo. Durante aquellas jornadas de lluvia pensó que la mejor forma de encontrarlo sería yendo al pueblo. Mostrando su abrigo y sus herramientas, alguien iba a poder orientarla.

Tomó su caballo y salió. Cuando llegó, primero preguntó al comerciante de gallos que la miró invasor, atemorizado y se negó a contestarle. La vendedora de pieles reaccionó de forma similar y así, poco a poco y pregunta a pregunta, la fantasía de la princesa se convirtió en desilusión. 

Decidió volver a su cabaña. Pasó el viaje imbuida en sus reflexiones, pensando lo peor, resignada a creer en que aquel hombre capaz de deslumbrarla fuera el mismo que causaba temor. Sin embargo, cuando estaba llegando a su casa, cuando sintió que sus ideas se sosegaban, decidió deshacerse de la situación: arrojó todas las pertenencias al camino y esbozó un quedo e introvertido chau.

Era casi de noche cuando divisó a lo lejos su cabaña y la invadió un nuevo sentimiento. Esta vez, le resultó extraño no escuchar los ladridos de su perro desde la distancia, y decidió dar una vuelta por detrás de su casa antes de abrir la puerta.

Rodeó la cabaña y no encontró nada. Se sonrió de alivio y cuando llegó a la puerta, notó que estaba abierta. En el mismo momento en que sintió su garganta ahuecarse, el caballo se levantó en dos patas, la tumbó y salió al galope.

Las lágrimas de hielo en sus ojos le evidenciaron terror. La princesa notó en ese instante que estaba sola, en medio de una noche opaca y silenciosa. Sola, e imposibilitada de acudir a nadie”.

- ¿Y? ¡Seguí!
- Hasta acá llego, Sol.
- ¿Qué? Me cambiaste la historia, Juan Cruz. Venías contando un cuento de princesas romántico y ahora se convirtió en la peor historia de terror. ¿Qué le estás haciendo a la princesa?
- Hay que improvisar, ese fue el clímax que me generaste vos cuando dijiste que deseabas a otra persona a tu lado.
- No vale, yo fui sincera.
- Y yo, a través de mi cuento, también. Es una improvisación y como tal se construye sobre mis emociones.
- Quiero saber cómo termina, no me vas a dejar así.
- Bien. Entonces, esta es mi propuesta, my lady: si mi historia te hace sonreír, al final deberás regalarme un beso. Ahora…
- Epa.
- Esperá. Digo que, ahora, si lográs contenerte o no logro crearte esa sensación, se podría decir que ganaste.
- ¿Por qué gané?
- Porque obtuviste un momento de entretenimiento sin tener que dar nada a cambio.
- Es feo eso que decís.
- No lo creo, vos sos la princesa de esta noche y yo soy quien decidió acercarse. Dado que soy quien te pretende, es mi deber generarte sensaciones. Vos fuiste clara y yo lo acepté de esa manera.
- Es verdad.
- Sabrás que tengo fe al final de este cuento. ¿Aceptás mi desafío, Sol?
- ¿Dónde estamos?
- En una plaza muy cerca de tu hotel.
- No sé, Juan…

domingo, 26 de abril de 2009

XXI - Sonrisas

- Y así comienza...

La princesa huyó de su castillo para no volver nunca más. Se refugió en una pequeña casa a la que decoró con mucho empeño y sacrificio, y se dedicó a fabricar perfumes artesanales. Recolectaba distintas muestras de la naturaleza para elaborar los aromas, una tarea que la obligaba a recorrer los alrededores de su hogar durante largas horas. Luego, una vez por semana, se trasladaba al pueblo para vender su producción a los dueños de las distintas ferias.

Vivía sola, aunque no siempre había sido así. Solía compartir el castillo con su mamá, su papá y su hermano, hasta que una noche su mama cerró los ojos y nunca más los volvió a abrir. 

A partir de ese momento todo cambio para ella. Tomó a su perro y decidió escapar.  Anduvo algunos días sin saber bien a donde ir. Caminó durante horas por lugares desconocidos hasta que encontró el lugar que le pareció ideal: esa casa que era perfecta en su contexto y también por su ubicación, pero además porque le acercó la paz que buscaba, solitaria, desde aquella pérdida. 

A pesar de que intentaba mostrarse amable y divertida, la princesa no abandonaba su distancia. Encontraba en la soledad, la mejor protección para su desilusión.

Era una mujer hermosa que atraía las miradas de hombres y mujeres, en su paso semanal por la aldea. A pesar de que con el tiempo se le conocieron algunos romances fallidos, en el último tiempo había optado por permanecer al margen del amor. 

La vida iba tomando el color de su elección, de la paz que buscaba, hasta que una mañana encontró una nota en la puerta de su casa. 

“No hay nada más atractivo que una mujer que se expresa a través de la seriedad. Que trasmite distancia y misterio en lo más superficial, pero también cierto temor y fragilidad en lo más profundo. Sin embargo, un día sin querer, descubrí tu tan selectiva sonrisa… y fue a partir de entonces que no pude dejar de pensar en vos…

Podría habértelo dicho mirándote a los ojos, pero aún no encontré el coraje para hacerlo. Hay algo que limita mi actuar, algo que me alerta que unas simples palabras sinceras no serían bienvenidas. Pero a la vez, me vi en la necesidad de comunicártelo… 

Por eso, después de pensar mucho, logre darme cuenta finalmente qué es ese “algo” que hay en vos que quiebra mi valentía. ¿Te interesará saber qué es? 

Si quisieras, sólo tendrías que responder un “SI” en esta misma nota. Mañana encontraras la respuesta.”

La princesa se sintió intrigada por este extraño, pero no dejaba de pensar que lo mejor era omitir la respuesta y continuar su vida tal cual y como estaba. Pasó ese día muy atenta a su alrededor, pero no logró encontrar indicio alguno. 

Cuando llegó la noche, cansada de su trabajo de todo el día, decidió acostarse temprano. Cerró los ojos con calma, pero a los cinco minutos tuvo una pesadilla que la despertó, abrupta, y la dejó invadida de miedo en medio de la solitaria oscuridad. Rápidamente y sin pensarlo, tomó la nota, escribió “SI” y la dejó en el lugar en el que la había encontrado. 

A la mañana siguiente, los pensamientos se le cruzaban indefinidos. Por un lado, quería correr a ver su nota, pero por otro se molestaba por prestarse a este juego. Era evidente un gran orgullo por haber logrado el desarraigo con la gente. Algo así no podía ocurrirle a ella. Entonces simplemente desayunó y buscó no modificar ninguno de sus hábitos, con el fin de no extender una situación que nunca debía haber comenzado. 

Sin embargo, cruzó la puerta y observó directamente el lugar donde había encontrado aquel misterioso papel. Pero no había nada. Su emoción se transformó en una gota de tristeza. 

Estaba decidida a continuar el día como si nada hubiera pasado, pero un ruido extraño la sacó de sus pensamientos y vio a su perro correr rápidamente hasta desaparecer de su vista. La princesa, desconcertada, gritó su nombre y sus gritos se fundieron con los ladridos que sonaban más lejos, pero más fuertes. De repente, cuando su voz se empezó a quebrar, respiró profundo y todo quedo en silencio. No se escuchaba nada y hasta el viento que soplaba intenso abandonó su furia. 

La quietud fue absoluta durante los instantes que el perro tardó en volver, con algo en la boca. Era un tramo de una caña. La princesa lo tomó y lo arrojó al suelo y, cuando cayó, un papel se desprendió de él. Ella no pudo disimular su sonrisa y miró rápido a los costados, como si se sintiera observada.

“Ese ´algo´ que nos mantiene como extraños todavía, se explica de la siguiente manera: 

Tu sonrisa, causa de mi enamoramiento, jamás fue concedida a ninguna persona que hasta ahora haya conocido. Sin embargo, tuve la suerte (o desgracia) de contemplarla, casi  por casualidad.

Me encontraba por el bosque. Te escuché cantar y, al acercarme hacia tu voz, te vi. Sonriente, feliz. Pero claro, tus ojos brillando, tus labios con sus extremos mirando al cielo, no eran para mí. 

Es por esto que decidí aparecer, pero aparecer de una forma distinta, aparecer de a poco, en partes. 

Cada aparición revelará algo nuevo de mí, algún detalle que al final conformará quién soy. Pero me impuse un condicionante: cada instancia exigirá una auténtica sonrisa y será ella quien le dará lugar al siguiente acercamiento.

Esta es la única forma que encuentro para darme cuenta si todo lo que soy es lo que querrías conocer. Tendré una sola oportunidad. Será la acumulación de tus sonrisas lo que nos conducirá a un encuentro.

Ahora bien, sabiendo que sonreirías al encontrara a tu perro con esta nota en su boca, me permitiste revelar algo muy importante para mí: Mis Palabras…”

Se quedo inmóvil. Por un momento pensó en hacer un bollo y olvidarse de todo. Sin embargo, doblo la nota y la guardo. 

Su día continuó con trabajo y su concentración la ausentó de todo. Al caer la noche, el episodio de la mañana permanecía ya lejos de su memoria. Se desvistió y, al revisar los bolsillos de su ropa, se reencontró con el papel. 

Decidió ubicarlo sobre su único gran espejo. Retrocedió para colgar su ropa y, al darse vuelta, notó que éste ya no estaba… 

- ¿Qué opinás? Momento de decidir... ¿Continuamos?

martes, 21 de abril de 2009

XX - No estas deprimida, estas distraída

- Un martini por favor.

No hay mejor trago para superar un mal momento. Empieza mi viaje. Qué más puedo querer que estar perdida en este bar, esta noche. Sacar los fantasmas de mi vida. Sacar su fantasma. Apagar la cabeza y tratar de disfrutar.


- Otro, gracias…

Como apareció el, aparecerán otros. No voy a hacer como si no me importara. Mañana cuando me levante volverá la angustia, pero esta noche no me lo puedo permitir. Esta noche no. 

- Buenas noches.
- …
- ¿No saludas?
- Capaz no tengo ganas de hablar-te.
- Seguro no tienes ganas de hablarme. Las mujeres no suelen hablar con extraños.  A menos…
- ¿A menos…? 
- A menos que hayan tomado un poco. Por eso esperé a tu segunda copa para acercarme.
- Muy gracioso… pero olvidate. No estoy borracha, ni de humor. Pero hoy no. Capaz la próxima…
- O capaz tenga que esperar una copa más. ¡Otro martini por favor!
- ¿Vos no tomás nada?
- Traje mi copa conmigo…
- Mirá, no quiero parecer una histérica, pero estoy deprimida. Mejor dejarlo acá.
- No estás deprimida, estás distraída.
- ¿Perdón?
- ¿No lo conoces?
- No estás deprimido, estás distraído. Distraído de la vida que te puebla, distraído de la vida que te rodea. Delfines, bosques, mares, montañas, ríos. No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano, cuando en el mundo hay millones. Además, no es tan malo vivir solo. Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer y gracias a la soledad me conozco. Algo fundamental para vivir. Y sigue…
- Muy lindo…
- Estás distraída esta noche, sea cual sea tu problema, no estás enfocando bien, no tomas consciencia del lugar donde estamos, la música, la noche, el aroma, las luces, la barra, el trago, la compañía, la ciudad. Si tan solo te aislaras un segundo de lo que te está ocurriendo, pusieras una especie de pausa, para continuar mañana, podrías apreciar este momento y llevarlo a tu memoria como si hoy fuera uno de tus mejores días.
- …
- No seas tonta, pon la pausa. Hazme caso. 
- No puedo… estoy desecha.
- Se me ocurre algo… imagino que estás parando en algún hotel por aquí cerca. Pidamos la cuenta, y caminemos hacia allí. En el camino, no tienes que decirme ni una palabra, yo te contaré un cuento. Un cuento que dejaré incompleto. Si para cuando llegamos a la puerta del hotel, te  has aburrido,  seguiré mi camino. Si por el contrario, quieres que siga la narración, tendrás que invitarme tú una copa en el bar de tu hotel. 
- ¿Qué clase de cuento?
- Un cuento de princesas…
- ¿Me estas jodiendo? ¿Es una táctica para conquistar mujeres desoladas?
- No. Será un ejercicio improvisación. Representaré una obra para ti. ¿Vienes?
- Ok, vamos. Me quiero reír un rato. Pero te advierto…
- No hace falta. Te vas a sorprender.

lunes, 13 de abril de 2009

XIX - Te quiero... lejos

Sol dice:
¿Dónde estás?

Cris dice:
Perdoname Sol…

Sol dice:
¿Es todo lo que vas a decirme? Todavía no entiendo por qué debería perdonarte. Porque no entiendo qué pasó.

Cris dice:
No quiero explicártelo por acá. Prefiero que lo hablemos. No tuve forma de contactarte antes, así que esperé encontrarte por acá.

Sol dice:
Pero si estábamos juntos en el avión. ¿Dónde estás ahora?

Cris dice:
En Munich. Combiné apenas llegué.

Sol dice:
¡Sos un tarado! Me siento la mujer más idiota del mundo.

Cris dice:
¿Vos dónde estás?

Sol dice:
¡En Madrid Cristian! ¿Adónde voy a estar si no? Estaba con vos. ¿Te acordás? Yo no te iba a abandonar así sin más. Claramente, veo que vos pensaste distinto. Me equivoqué.

Cris dice:
Cuando te explique vas a entender mejor.

Sol dice:
¿Sabés qué? No me importa. Lo que pasó me sorprendió. Pero sirvió para ordenar en mi cabeza todas esas noches que nos la pasamos hablando. Le dio un sentido, una coherencia. No entendía bien qué hacía conectándome todas las noches para chatear con una persona que no había visto nunca en mi vida. Me lo pregunté mil veces sin encontrar respuesta. Me sentía boluda, y tenía vergüenza de contar que me pasaban cosas con un contacto de internet. Pero al verte todo cambió. Era la primera vez que estaba realmente cómoda al lado de alguien, sin mayor esfuerzo. Era yo y nadie más que yo. No tuve que pensar en nada. Simplemente ocurrió, sin plan. Conocerte me hizo sentir que hay que confiar y dar lugar a la curiosidad y no cerrarse a lo nuevo. Porque quedan sorpresas que esta vida te puede regalar.

Sol dice:
Cris, me gustaste. Me gustaste antes, y me gustabas hasta hace un instante.

Cris dice:
¡Esperá Sol!

Sol dice:
Nada podría haberme lastimado más que tu reacción. Los dos estuvimos ahí. Yo sentí que estábamos compartiendo un momento mágico. Sin embargo, yo estoy en Madrid, esperando una señal tuya, y vos, desapareciste. Si realmente lo que vivimos no fue suficiente para retenerte, para que pienses de nuevo las cosas, para que improvisemos algo juntos, nada lo será.

Cris dice:
¡Decime el número del hotel y te llamo!

Sol dice:
No Cris. Ya te fuiste.

Sol is offline

martes, 31 de marzo de 2009

XVIII - This could be heaven or this could be hell

No puedo dormir. No puedo sacármelo de la cabeza. La tele no sirve, la prendí y la apagué catorce veces. Llamar a Buenos Aires y que me escuchen así, no sirve. Consejos estúpidos, no sirve, no los quiero escuchar. Quiero llorar y no puedo.

¿Qué hago todavía acá, en Madrid, en este hotel extraño, cuando ya debería estar en Paris como lo planifiqué? No entiendo cómo alguien puede desaparecer así. Lo busqué por todo el aeropuerto. Su vuelo a Munich salía con dos o tres horas de diferencia. Es imposible lo que pasó. No puede desaparecer una persona en un avión. 

¿Qué estoy haciendo? Lo conocí unas horas, no es para tanto. Perdí mi vuelo por un extraño que me dejó plantada. No puedo cerrar la historia así, todo lo que tenía en mente, de repente, perdió sentido.

Tengo que darle una respuesta a esto sólo para poder levantarme mañana y seguir adelante. En Madrid, angustiada, lejos de todo. No caigo. Ni siquiera entiendo bien por qué.

Debe ser la evaporación de la ilusión. Hace tiempo que sueño con una historia que se demoró en comenzar. Me colmó de fantasía y ahora estoy vacía. Era lindo soñar con Europa, pero más lindo era soñar con Europa enamorada. O enamorándome.

Que distinto se ve todo cuando algo que parecía un hecho, ya no está. Quiero disfrutar por estar donde estoy pero no puedo más que estar triste. No me lo merezco. Qué injusticia. Y que idiota me siento por pensar que esto era sólo un juego. Mira cómo estás. Llegaste a España con los ojos hinchados, caminaste más el aeropuerto de lo que caminaste en las calles.

¿Por qué los hombres serán tan cagones? ¿Por qué no me dijo en la cara: “Sol, no me vas”? Encima, me preocupé, pensé que le había pasado algo. Me siento una tonta.
 
Pero lo quiero. Quiero saber de él. Capaz, lo mejor que puedo hacer es despedirme. Desahogarme. Contarle lo que me pasa en un mail y que lo lea cuando tenga que ser. 

Me voy a un bar. Necesito sacarme esto de encima. ¿Habrá WIFI acá? ¡Yes! 

¡Uy! Mail de Marcos. No se si es el momento de leer esto.

Cris dice:
¿Estás?

viernes, 20 de marzo de 2009

XVII - No me sigas, yo también estoy perdido

Señores pasajeros, el capitán encendió la luz de ajuste de sus cinturones de seguridad. Por favor, permanezcan sentados en sus asientos. El servicio de la cena se suspenderá momentáneamente.

- Por favor, les pido que vuelvan a sus asientos.
- El tema es que nos prestaron estos asientos mientras durara la cena.
- No importa, siéntense ahí por ahora, no hay problema.
- ¿Pasó algo que suspendieron el servicio?
- No, simplemente va a haber algo de turbulencia y se va a hacer difícil circular por los pasillos.
- ¿Será eso Cris?
- No tengo idea. Encima le tengo pánico a estas cosas. ¡Lo que faltaba!
- Quedate tranquilo. Debe ser normal. Uno que no viaja tanto no está acostumbrado, pero no nos preocupemos anticipadamente. ¿Por qué no ponés algo de música y te concentrás en mí tanto que insististe? Yo te distraigo.
- Me haces reír. Te juro que esto me pone muy nervioso. No sé que poner… ¿Te gusta la música clásica?
- No conozco mucho.
- Yo tampoco, pero me bajé algunos temas conocidos de alguna que otra película y te transportan.


Me quedé dormida. ¿Cris? ¿Dónde te metiste? Debe haber ido al baño. No entiendo nada. ¿Y la cena? ¿La habrán traído y él dijo que no? Deberían estar por traer el desayuno. Ya amaneció, no pude haber dormido tanto.

- Disculpame, ¿ya están por traer el desayuno?
- No, el desayuno ya pasó. La traté de despertar, pero me fue imposible. Estamos próximos a aterrizar, así que le ruego que enderece su asiento y se abroche el cinturón.
- Pero no entiendo, había un chico sentado conmigo, ¿no lo vio levantarse al baño?
- La verdad que no señorita, recuerdo que anoche usted estaba con alguien. Cuando pudimos pasar a servir la cena finalmente, nos dijo que no iban a cenar. Esa fue la última vez que lo vi. Hoy a la mañana ya no estaba.
- Pero no puede ser, mi verdadero asiento es abajo. Necesito bajar a buscarlo.
- No, ahora no es el momento. Estamos próximos a aterrizar, así que le ruego que permanezca sentada.
- Pero usted no entiende, no tengo idea dónde se sienta y el avión es enorme. Si espero a que aterricemos va a ser un mundo de gente y no lo voy a encontrar.
- No se preocupe. Usted está en primera clase, tendrá prioridad para bajar.
- No puedo creer que me esté pasando esto. Está bien, gracias.

¿Que mierda hago? No entiendo como se pudo haber ido así. ¿Por qué? ¿Se habrá sentido mal por la turbulencia? Me hubiera avisado. Tengo miedo que sea otra cosa. ¿Le habrá caído mal mi comentario cuando me pidió que siga el viaje con él? Me estoy poniendo nerviosa. No sé qué hacer. Va a ser imposible encontrarlo. Encima vamos para lugares distintos. No me puede estar pasando esto. Cristian sos un forro. Me estás haciendo sentir mal. Algo pasó, tengo esta fea sensación. Tengo que bajar a mi asiento aunque sea. Acá no lo voy a ver más. No me puedo quedar acá sentada como una estúpida sin hacer nada. Mejor que tenga una buena explicación, porque si no… Me mando ahora, ya fue.

- ¡¡¡¡Señorita, por favor vuelva a su asiento!!!!
- Perdooon.

domingo, 15 de marzo de 2009

XVI - "En contacto"

- ¿Bailamos?
- ¿Qué? ¿Acá?
- Sí.
- Pero Cris, nos ve todo el mundo. Aparte, no hay música.
- ¡Claro que hay! Ponete esto. Dame la mano y escuchá. Dejate llevar por la música. 
- Me da mucha vergüenza.
- Está todo apagado y la mayoría de la gente duerme. 
- Bueno, dale. ¡Me matás!
- Ahí va:



- Veni conmigo, Sol.
- ¿Adónde?
- Ya sabés adonde.
- Pero Cris… mi viaje. Mis planes.
- Lo se. Sólo que no puedo dejar de pensar que en unas horas nos vamos a separar.
- ¡Basta! No dejemos que el futuro se apodere de nuestro presente. ¿Cuántas veces me lo dijiste vos? Confío en que si tiene que ser, va a ser. De alguna forma no nos vamos a alejar.
- ¿No tenés miedo?
- Contestame sinceramente: ¿Vos estás dispuesto a renunciar a tu viaje por mí? Programaste esta aventura durante casi un año, ahorraste, renunciaste a tu trabajo, te entrenaste. ¿Dejarías todo eso por mí?
- No lo se.
- Entonces te pido que no me transmitas esto a mí hasta que no tengas esa respuesta. Yo tampoco lo sé, así que relajémonos que en breve lo vamos a averiguar ¿no?
- ¡Qué segura te volviste!
- ¡Viste! No te la veías venir, ¿eh?
- Me encantás. ¿Estás lista?
- ¿Para qué?
- Para nuestro primer beso.
- No me adelantes la película. Sorprendeme. ¡Así!

- Estás osada esta noche.
- Capaz no me conocías del todo.
- Capaz. Te quiero raptar y desaparecer de acá y no hay lugar a donde huir.
- Tendrás que esperar.
- O no… ¿Estará libre?
- Ni se te ocurra.
- No es lo que pensás. Acompañame.

Entradas populares