miércoles, 23 de junio de 2010

Capítulo XI: Mi última sesión

- Sol, tomé una decisión. Quiero dejar terapia. Creo que la ayuda que necesito no puede venir de un terapeuta. Lo que me hace bien es relacionarme con personas afines a mí. Cambié en este último tiempo. La soledad que en algún momento sentí se debe, principalmente, a que el proceso de cambio lo atravesé solo. Mejor dicho, muy poco acompañado.
- Como a vos te parezca Ale. Este espacio está abierto a vos, cuando lo creas necesario.
- Igual escuchame, que tengo más para decirte.
- …

- Conocerte a vos me hizo mucho bien. Pero tu aporte psicológico fue el menos relevante. Tu perspectiva analítica me suma significativamente, pero la paz interior que encuentro tiene más que ver con otra cosa. Venir a cada sesión es venir a dialogar con alguien que habla mi lenguaje. Me explota y me desafía. Me interesa escucharte y me interesa contarte. Vos dirás: “todos los pacientes…” pero vos has estado dejando de ser mi analista poco a poco y tu aporte prevalece. Yo no necesito apoyo, yo necesito un compañero como vos, o compañera en este caso.

Mis amigos, la mayoría de ellos, van en otro rumbo. Mi familia me escucha pero lejos está de entenderme. Tampoco es lo que pretendo, ellos han vivido su historia y esta es la mía… treinta años después.

Necesito rodearme de gente abierta, gente que se pregunte, al menos una vez cada tanto, por qué hace lo que hace. Que me venda pasionalmente sus treinta y algo como vendían sus veinte. La mayoría de las personas están como adormecidas. Pero me aburrí de criticar, no quiero seguir en ese rumbo. Si tengo que reciclar todos mis vínculos, así lo haré. Y en este nuevo capítulo de mi vida, quiero que estés vos. De la manera que sea y como sea. Se que tu mundo es complicado pero no pretendo nada que no puedas darme.

Mi oferta es simple, salir de acá y recomenzar por otro lado. Tomala o dejala. Confío en tu criterio y sabrás que es lo mejor para los dos.

- ¡Qué discurso te mandaste! Se me hace algo difícil darte una respuesta. Creo que en parte tenes razón. Sos una persona con la que es interesante conversar, no te lo voy a negar. Pero mi situación es complicada Ale, de verdad. Y por más que en este espacio puedas compartir conmigo una hora sin interrupciones, no creo que esto sea posible en cualquier otro contexto. Al menos no por ahora. Conozco un gran filósofo que suele decir “No es quién, es cuándo”… y este no es mi cuando Ale.
- Me apena escucharte, pero creo que es verdad. No creo que estemos muy lejos tampoco, pero entrometerme en tu hoy, capaz implica desaprovechar mi mañana. Quiero ser inteligente y conservarte de la forma en la que te he formado en mi cabeza. Y a la vez, quiero que vos hagas lo mismo conmigo. Forzar la situación, en un momento inoportuno, descuenta chances. Chances que ya de por sí son limitadas.

Sin desearte ningún mal, espero reencontrarte en un mejor “cuándo”. Que mientras nos mantenemos atentos, se detecta con el más mínimo gesto.

jueves, 10 de junio de 2010

Capítulo X: Inversamente proporcionales

- Te noto colgada. Me parece que aún no aterrizaste.
- Es verdad, perdoname. ¿Qué me decías?
- ¿Por qué no me contás cómo te fue?
- Después te contaré, lo que pasa es que aún tengo el sueño cambiado y no estuve descansando bien estos días.

- El sueño baja las defensas y si aún no estás del todo metida en tu rol de analista, ¡es un día para atacarte! Dejá de ocultar la sonrisa…
- Me hacés reír. Muy bien Doc. ¿Quiere tomar mi sillón también? Mirá que estoy sin filtros Ale.
- ¡Mejor! Un rechazo directo sería mucho más interesante que otro zarandeo de cintura cortés y evasivo.
- Siempre expectante de sensaciones intensas y movilizadoras… Bueno, ¿empezamos?
- En realidad tengo algo interesante para contarte. Una teoría que aún no puedo terminar de cerrar solo. La retengo esperando cruzar un par de ideas con vos.
- ¿Teoría? A ver…. explicame.
- Para simplificártelo en una línea la idea sería más o menos así: “El enamoramiento es inversamente proporcional a las similitudes que existen entre dos personas”. O sea que, cuanto más parecidos somos, menos nos gustamos.
- Las diferencias atraen, ¿no dicen?
- Sí, pero cuando uno exclama lo que busca, en general solemos manifestar puntos en común. Las diferencias las encontramos casi por casualidad en la búsqueda de alguien como nosotros: “A los dos nos gusta el deporte, a los dos nos gusta la nieve, a los dos nos gusta pasar los fines de semana en familia, somos del mismo barrio, es profesional igual que yo, tiene una buena familia como yo, queremos y buscamos las mismas cosas”, etcétera, etcétera.
- ¿Entonces?
- Justamente, todas esas similitudes, según mi teoría, destruyen el poder de la atracción o enamoramiento entre dos personas.
- Me parece que estás equivocado. En realidad la elección de objeto de amor es diverso de acuerdo a la personalidad de cada uno, hay quienes basan su elección a la manera de uno y quienes buscan el complemento, la diferencia, no necesariamente el opuesto, pero sí lo diverso. En este lado te ubicás vos, pero es una teoría que aplica a un grupo de personalidades, no a todos. ¿Realmente crees que encontrar vínculos de pertenencia nunca atrae?
- Sí atrae, pero de una manera más asexuada. Y aquí continúa mi teoría: “A mayor similitud entre dos personas, mayores son las ganas de ser amigos, de compartir casi todo menos una cama”.
- Ya veo por dónde vas…
- Las relaciones más intensas siempre están llenas de caos. Son tantas las diferencias que no duran, pero a la vez, enloquecen. Y en el otro extremo están las relaciones perfectas, esa compañera ideal que tiene todo igual a mí, pero que no me mueve un pelo y nunca me lo va a mover. Algunos, de más grandes, ceden ante esa persona fiel y constante, forman una linda familia llena de armonía y longevidad, pero carente de pasión y locura. Son relaciones seis puntos, que sirven para perdurar.
- Ok, veamos las dos series que formulas:
1. Diferencia=Intensidad=caos=locura= fugacidad=pasión
2. Igualdad=Armonía=constancia=tiempo=sin pasión
Esto lo planteás de manera rígida, ¿por qué no pensar que una relación longeva sea caótica y pasional, o que una relación fugaz devenga en constante armonía? ¡Las relaciones tienen múltiples combinaciones, Ale! Qué triste que veas de esa forma unívoca a las parejas largas…
- Sin ánimo de poner un juicio de valor, estás asumiendo que la falta de pasión es, de alguna manera, negativo y yo estoy siendo meramente descriptivo. Son ecuaciones personales donde resignamos algunas cosas en pro de otras. ¿A qué voy con esto? Las diferencias extremas excitan pero duran poco, las parejas tipo “mejores amigos” duran toda la vida. La cagada es que no salen del misionero, con suerte, la comida, el DVD y a dormir. Cada uno elige qué prefiere, pero lo que sí es seguro es que no podés tener ambas…
- ¿Y no hay otra opción?
- Sí la hay… creo. Sería un poco así: Las personas “apuestan” en el amor muy parecido a cómo apuestan al Blackjack en el casino.
- ¿Cómo es eso?
- En el Blackjack vos vas pidiendo cartas con la intención de sumar 21 puntos. Si te pasás, perdés. Tu oponente es la banca, el casino. La diferencia es que la banca tiene un solo criterio para jugar. A partir de 17 puntos deja de pedir cartas, mientras la suma quede por debajo seguirá pidiendo. Entonces, la virtud del juego está en saber cuándo dejar de pedir cartas. Cuanto más te aproximas al 21, más riesgo corres de pasarte y quedar afuera. Bueno creo que la vida se trata un poco de eso, de cuándo dejar de pedir cartas. Cuándo dejar de arriesgar en pro de buscar el máximo beneficio. Creo que llega un momento en la vida, cuando el que no alcanzó el “21” comienza a resignar más abajo. El tiempo desgasta sin conquistas. Y cuando hablo de resignar, hablo de todos los aspectos de la vida que nos aportan mayor felicidad. Entre ellos el enamoramiento pleno.
- ¿Y vale la pena perder casi todas las manos sólo por esperar un 21? Si lo ponés en términos de tiempo, es probable que en una noche te toque una sola mano como esa o ninguna. Capaz otra conducta, te permita llevar un juego más “interactivo” dónde ganes algunas manos y pierdas otras. Entiendo que tener convicción en lo que hacés es la única manera de seguir haciéndolo. Simplemente me interesa saber si sos consciente de que lo que embargás todos los días buscando tu “ser ideal” es tu tiempo. Tiempo que, mientras no encuentres lo que busques, padecerás solo.
- Tenés razón. Al final, paso mucho o demasiado tiempo solo. Y millones de veces me pregunto si vale la pena seguir relegando compartir mi vida con alguien por continuar de guardia.
- ¿Y?
- Y creo que la solución tiene que ver con reconfigurar quién es este ser ideal en mi vida.
- ¿En qué sentido?
- Entender que si quiero pasión deberé resignar ciertas cosas que en algún momento pensé que podían ocurrir todas en la misma persona.
- ¿Por ejemplo?
- Si sólo puedo morir de amor por alguien que siempre será muy pero muy distinto a mí (porque esta es la condición), deberé resignar el compartir muchos aspectos de mi vida que sí tienen que ver conmigo, solamente por sentir la mejor mirada a los ojos en la plenitud de las debilidades. Y para lo demás…
- …
- En definitiva, para todo o casi todo lo demás, estarán los amigos.
- ¿Y vos crees que podrías?
- Lo primero que pensé cuando se me ocurrió esto, es que si amaba a mi ex y me separé enamorado con la idea de que podría volver enamorarme de alguien más parecido a mí, me equivoqué rotundamente. Todo lo que no me bancaba de ella es lo que de alguna manera me enamora día a día.
- ¿Te enamora? Estás hablando en presente…lindo fallido…
- No es fallido, es real. Lo que tiene de bueno, interesante o atractivo una persona, no lo pierde. Sigue ejerciendo presión. A lo sumo, lo contrastamos con otras cosas y no elegimos el combo. Pero sigue y seguirá habiendo cosas increíbles y otras no tan interesantes. A menos que hayas formado una idea de alguien y después acabara resultando ser otra cosa. Pero no es mi caso.
- Está bien, está bien, no te defiendas, continua que era un chiste…
- Tus chistes o ironías son siempre palos en el subtítulo… Sigo. Lo que quiero decir es que si finalmente ella me cambiaba a mí o yo a ella hubiéramos atentado radicalmente contra el intenso enamoramiento que teníamos. El enamoramiento, como la atracción, está basado en el complemento. Yo gasto, ella ahorra. Yo celo, ella es celada, yo quiero salir, ella se quiere quedar, yo quiero perro, ella no quiere animales, yo soy feo, ella es linda, etcétera. La gente se separa por una falsa expectativa: la de que enamorarse es un placer. Y al contrario, estar enamorado es un padecimiento constante en el que dos personas totalmente distintas luchan entre ellas para que se forme un individuo más perfecto.
- Un poco y un poco. A ver, que hay confusión generalizada respecto de lo que debería ser el amor y lo que verdaderamente resulta ser, seguro, pero ¿por qué enamorarse y formar una pareja implicaría convertirse en uno, igualarse, amoldarse al otro? ¡El amor está lejos de eso! En la riqueza de la diferencia radica el amor, en el plus que genera el ser más que la suma de un conjunto heterogéneo, ¡pero siempre se trata de dos! Cuando intentan ser uno, perdieron.
Un gran error comienza cuando el ser diferente se convierte en una amenaza para el otro. ¡Estar enamorado no es un placer, pero tampoco un padecimiento! El amor es un esfuerzo por parte de ambos por nutrirse de la diferencia. Ojo que hablé de nutrición y no de consumo o alimento. Porque eso sucede con muchas parejas que inevitablemente ponen fecha de vencimiento al poco tiempo de iniciada la relación. El consumo es ese absorber del otro de modo tal que uno de los dos queda vacío. Se puede consumir tiempo, energía, espacios, etcétera. Distinta es la alimentación que se reduce a la absoluta necesidad biológica; pero en la nutrición se da un conjunto de cosas: no solo uno se nutre por una necesidad, sino que además el nutrirse sirve y construye, propicia el crecimiento sin consumir al otro, sin vaciarlo, sino que tiene el plus de la retroalimentación. ¿Entendés a lo que voy?
- Te entiendo, igual quisimos decir lo mismo. Cuando hablé de un individuo más completo, lo hacía desde una observación ajena, desde afuera. Siguen siendo ambos los que se nutren con sus diferencias. Al margen… muy romántica tu apreciación y a la vez, muy personal. ¡Me gustó!
- ¿Y cómo llegaste a esta conclusión?
- Reflexionando acerca de las mujeres que más me han gustado en mi vida, me di cuenta que eran las más distintas a mí. Con las que no tenía nada en común. Estoy exagerando un poco…
- ¿Qué te gustaba tanto?
- Tienen lo que yo no tengo. Virtudes que admiro y de las que, a la vez, carezco. En cambio, cuando encuentro mis virtudes en otra persona me atrae como amigo. El mejor ejemplo de esto son ustedes, las mujeres.
- ¿Por?
- Porque siempre tienen ese amigo perfecto con el que comparten todo y les cuentan todas sus confidencias. Con el que tienen todo en común pero no les calienta ni un poco. En general, les suele atraer ese forro que siempre las hace mierda. Hasta que un día se cansan de llorar, se casan con su amigo y el amor lo guardan en la memoria hasta que Facebook o el Messenger se encarguen de revivírtelo.
-Ahora estás planteando un cliché patético. Estás hablando despectivamente y sin fundamento.
Las mujeres solemos tener a ese amigo perfecto con el que compartimos todo, sí, y que no nos mueve un pelo, claro, porque si no, no sería nuestro “amigo perfecto”, pero casarnos con ese amigo y “guardar el amor en la memoria”, está muy lejos de lo que acontece. Más posible es que aparezca otro hombre que nos haga sufrir y nos arroje nuevamente al hombro de nuestro amigo incondicional mientras la gente cercana comenta “pero qué tonta, pensar que se llevarían tan bien estos dos, pero ella se empecina en buscar hombres que la hagan sufrir…” Si hay algo que una mujer no está dispuesta a resignar, es el amor…
- Otra vez… muy romántica. Me gusta esta Sol que opina un poco más desde lo personal. Veo que fue un buen viaje… muy inspirador.
- Ale, es la hora. Creo que le falta una conclusión a esto. Lo vemos la semana que viene. Si es que aún te sigue importando este tema. Con vos nunca se sabe.

Entradas populares