martes, 16 de febrero de 2010

Capítulo III: Atacado y derrotado

- Buenas tardes. ¿Cómo estás?
- Disconforme. Algo no está bien y no es nada en particular, soy yo.
- ¿En qué sentido?
- Mis constantes deseos de emoción me hacen sentir como en abstinencia cuando no los encuentro. Es un problema de toda la vida, no tiene sentido meternos ahí.

- ¿Te parece que no vale la pena indagar en algo que llamás “problema de toda la vida”?
- Tenés razón, pero en tal caso no creo que sea hoy el día para indagarlo.
- ¿Por qué? Si es una frustración de siempre, el día no debería afectar la interpretación.
- Tal vez...
- ¿Tal vez? ¡Vamos Ale! O confiás en mi criterio o perdemos el tiempo.
- No desconfío de vos, desconfío de mí. Estoy en proceso. Todo lo que te cuente hoy, tendrá cero validez mañana. La virtud en reconocerme así, radica en ignorar mis emociones diarias, ya que van y vuelven de extremo a extremo con cada hora que pasa.
- Entonces me pregunto, ¿qué clase de aporte tiene para vos hablar de algo que ya ocurrió, y que en definitiva ya tenés interpretado? No olvidemos que Ale todo lo sabe. No hay lugar para opiniones ajenas. ¿De qué te reís?
- Del comentario… tenés razón, lo merezco. Sólo te pido algo de confianza.
- Ya hablamos de ese tema Ale.
- Simplemente creo que necesitás conocerme más. Contarte cómo me siento hoy, no será tan enriquecedor como contarte por qué volví a terapia con vos.
- Ale, sos un ser inteligente como para que deba aclararte esto, pero en análisis hay algo más que importante y es que si bien el paciente decide de qué va a hablar y cómo introduce los contenidos, es el analista el que dirige la cura. ¿Querés recibir mi ayuda sí o no?
- Sí.
- Se que te interesa la psicología de todo, entonces se me ocurre una idea. Te voy a plantear un intermedio, te voy a explicar por qué hago lo que hago sin dejar de hacerlo.
- A ver…
- Vos pretendés manejarme, que salga de mi posición, y en este plano, en situación real, el paciente puede mandarse mil actings o sea, actúa lo que vía discurso no es escuchado, pidiéndole a su terapeuta a los gritos mudos “¡no ves que no me escuchás ni atendés a mis síntomas!”. Si buscás ponerme atenta a mi sentir, a mi curiosidad por vos, que seguro la tengo, a saciar mi deseo de mujer histérica que disfruta de la mirada del otro, no puedo atender a ver por qué estás aquí, qué viniste a buscar, cuáles son tus resistencias, cuál es tu verdadera demanda de análisis. Y te agrego… Algo que es ley en análisis es que en ese encuentro de dos, entre analista y paciente, hay un solo sujeto, un solo inconsciente y un solo yo: el del analizado. El trabajo del analista es justamente no interferir en ello porque en cuanto yo entro en escena, el que salís sos vos.
- …
- Entonces decidite… o me invitás a tomar un café y no tocás más mi consultorio, que creo que ya tenás clara esa respuesta o dejás de intentar levantarme y te aceptás una hora por semana como paciente. Para vos, más que para otros, sólo puede ser una decisión a consciencia.
- Dos a uno Sol.
- Te veo la semana que viene Ale.

5 comentarios:

Ceci dijo...

Tu blog es uno de los más interesantes que he leído.

Yo no se nada sobre escritura, pero me encanta leer y leer tu blog también. A mi criterio sos un muy buen escritor.

Ahora me dejaste enganchada, como esperando el próximo episodio de mi serie favorita jaja.

Saludos...

Pablo dijo...

Te puso los puntos...

Ale dijo...

Es jodida como yo! ;)

Gracias por la buena onda.

Eugenia dijo...

TE ESTAS MIRANDO AL ESPEJO CORAZON!

Anónimo dijo...

Era momento de que Sol ubique a Ale en su rol... sin sutilezas... Directo
Ale el cafe con Sol es uno mas de esos constantes deseos de emocion para no sentir abstinencia???
CALM

Publicar un comentario

Entradas populares