sábado, 16 de febrero de 2008

Prólogo

“La divinidad no se está tranquila, sino que sus potencias obran sin tregua y luchan amorosamente, se mueven y combaten, como sucede con dos criaturas que juegan amándose una a otra y se abrazan y se estrechan; a veces una es vencida, a veces la otra, pero el vencedor se detiene en seguida y deja que la otra vuelva a su juego.” Charles Baudelaire

Imaginemos que estamos en las etapas previas a un juicio. Es el momento de hacer las indagaciones, de hablar con los demandantes y los demandados, de hacer los careos. Imaginemos que una parte fue demandada por notificación, como corresponde, y ahora es su oportunidad procesal para ejercer una defensa (de no hacerlo se declararía rebelde, y se la citaría al juicio por medio de la fuerza pública, y eso no es lo que quiere). Ahora tiene que producir pruebas, tendientes a hacer valer los hechos expuestos en la demanda o a desvirtuar los mismos. En fin, es la hora de encarar todos los procedimientos metodológicos que conducen a un juicio justo, si es que esto existe de alguna manera. Imaginemos, entonces, estos escritos como la declaración de una de las partes.

Vale aclarar que esta parte cree en un concepto relativo de verdad por lo que todo intento de catalogar este manifiesto como soberbio, mentiroso o expuesto desde un lugar iluminado o superior, sería absurdo. Además, la parte considera que la existencia de la otra posibilita su propia existencia y, por eso, en ningún momento es su intención desvalorizar su importancia. Y, por si fuera poco, la parte no se siente tan violentamente ligada a su propia opinión como para rechazar cualquier idea propuesta que fuera hallada mejor.

Aunque a simple vista parezca que muchas de las preguntas aquí planteadas no tienen respuestas, podemos intentar una aproximación interesante a las mismas. Respuestas que de alguna manera se alejan del sentido común, que como sentido construido por nosotros mismos y luego naturalizado, no es puesto en discusión. Esto acarrea un efecto peligroso: asumir esa construcción como la única posible. Tenemos que entender que el mundo es la representación de una conciencia o, por decirlo de otra manera, el traje está en el ropero pero sólo existe cuando me lo pongo. La realidad es una ilusión (si bien muy persistente) y es la mente del hombre la medida de todas las cosas. La esclavitud de esta mente es un estado en el que los hombres no conocen la alternativa. Las personas insisten en asumir ciertas cosas, en el sentido que ni se imaginan que existe lo opuesto. Y que estos opuestos, generalmente, coexisten.

Quiero resaltar la necesidad y trascendencia de indagar a fondo en estas cuestiones para llegar a las causas primeras de por qué nos ocurren las cosas. Entiendo que éstas no suceden por casualidad. Todo lo que nace ha de tener una causa, cuando algo ocurre, algo ha precedido a aquella ocurrencia. “Lo que Ilamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido”. La trayectoria de una mosca dentro de una habitación puede parecer casual o aleatoria pero a buen seguro que para la mosca no lo es.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Imagino que tu amigo escribio ese prologo referente a tus "formas de expresion", porque te conoce...pensa que la mayoria de la gente que lee tus ensayos, no te conoce, y por ello quizas, "tus formas de expresion", lleguen a las personas que lo leemos, desprovistas del sentido real que le quisiste dar...
Si hubieras publicado dicho "Prologo" desde un principio, me pregunto si las personas que "no te conocemos", hubieramos interpretado tus ensayos con otro matiz...

Santiago dijo...

Anónimo (¡es interesante el anonimato!): lo mismo da, a decir verdad, la existencia o no de este "prólogo"... Es cierto, conozco al que escribe las palabras de este blog, pero no es ese conocimento el que me hace “entender” esas palabras y admitir “su forma de expresión”. Si en algo somos iguales vos (anónimo) y yo es en que no captaremos nunca el “sentido real” (ese del que vos hablas) que el autor quiso darles. Siempre va a haber una sobre-interpretación o una sub-interpretación de la expresión de acuerdo a lo que cada uno de nosotros siente cuando lee algo…Pero no es para preocuparse porque también la expresión del que escribe es incompleta en cierto modo. Seguro habrá querido decir mas cosas de las que dijo (o menos) y por eso seguirá escribiendo en búsqueda de la “completud”… Y en definitiva, las formas son formas y lo que hay que hacer con ellas es aceptarlas, todos tenemos nuestra particular forma de decir las cosas.

Anónimo dijo...

Muy bueno ! voy en pos de la búsqueda de la causalidad...

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